No somos tan diferentes
Rayner
Estuve caminando por el dichoso centro comercial como dos horas. Odiaba aquellos sitios repletos de gente en los que no puedes ni moverte. No recordaba el número de tiendas en las que había entrado, pero fueron demasiadas. Sólo paré cuando comenzó a dolerme intensamente la cabeza. Necesitaba descansar un rato.
Me dirigí hacia el 100 montaditos. Por lo general aquel lugar solía ser barato y te atendían bastante rápido. Justo lo que necesitaba. En cuanto me sirvieron, me quedé mirando fijamente el plato pero pude ver por el rabillo del ojo una silueta que se acercaba a mi.
―¿Qué haces aquí?
―¿No sabes que me encantan estos sitios? Vengo aquí en cuanto puedo.―Dije con cierto sarcasmo para que el chico que acababa de sentarse a mi lado se riera. Y lo conseguí.
―¿Te vas a comer todo eso tú solo?
―Toma anda, para que luego digas que no soy buen amigo―Le dije mientras apartaba del resto dos mini bocadillos.
―Me abrumas con tu amabilidad, oye―Me soltó mientras me daba un golpe amistoso en la espalda.
―Estoy buscando un regalo para alguien… ¿Qué haces tú aquí, Joel?―Le dije mientras alzaba la vista para mirarle. Iba con sus vaqueros favoritos, rotos por las rodillas y una camisa de cuadros verde y negra. Llevaba el pelo despeinado. Me miró y supe enseguida que ya había descubierto la identidad de la persona por la que estaba allí, en uno de los lugares que más odiaba en el mundo.
―Ese es Julen, ¿verdad?― Dijo Joel, alzando las cejas e ignorando mi pregunta. Descarté enseguida la idea de pedirle ayuda. No estaba tan mal de la cabeza como para pedirle consejo a alguien que odiaba con todas sus fuerzas a Julen.―¿Quieres que te ayude?
Ese comentario hizo que se me cayese al plato el bocadillo que estaba a punto de morder. Pude imaginarme la cara de estupor que puse tan sólo mirando a Joel, que sonreía siniestramente.
―¿Estas de coña?―Le dije mientras me limpiaba los dedos con una servilleta. Se había desparramado toda la salsa.
―No, en serio. Si quieres te ayudo.
No podía dar crédito a lo que estaba escuchando… Osea Joel, que odiaba con todas sus fuerzas a Julen, ¿quería ayudarme a elegir un regalo para él?. ¡Así como si nada!. ¿Nos habíamos vuelto todos locos de repente?
―No me mires como si hubiese perdido la cabeza. Que yo le odie no significa que no quiera verte feliz. Porque lo hago por ti y no por él. Se cuanto odias estos sitios y no hay más que verte lo agobiado que estás.―Dijo mientras le daba un buen sorbo a mi cocacola.
La verdad es que tenía toda la razón. Estaba muy agobiado y no había encontrado nada que me llamase la atención especialmente. Para otra cosa quizá no, pero para los regalos era muy meticuloso y me encantaba elegir algo especial y no lo primero que encontrase solo para cumplir. Y menos para Julen.
―Me estoy volviendo loco, tio. Ya no se donde mirar.
Nos levantamos y continuamos mirando tiendas sin descanso. No encontré nada, ni siquiera con la ayuda de Joel. Me estaba dando por vencido. Decidí despedirme de él y volver a casa. Me sentía mal conmigo mismo por no haber sido capaz de encontrar nada para Julen. ¿Qué clase de amigo era? quizá me estaba presionando demasiado para que el regalo fuera lo más perfecto posible. Eso me dio pánico. Con Joel nunca había sido tan meticuloso. No más de lo normal ¿Por qué con Julen sí?. Julen... Solo pensar en su nombre me recorría un hormigueo por el estómago.
―Joder...―Solté por lo bajo. Me tumbé en mi cama cuan largo era y solté un suspiro. ¿Y si no sentía lo normal que se tendría que sentir por un amigo?. Cuando conocí a Joel pensé en que su presencia me agradaba y que seríamos buenos amigos, pero cuando conocí a Julen… sus maravillosos ojos, su sonrisa, su voz… Empecé a notar como mi corazón se aceleraba a cada nuevo recuerdo que iba instalando en mi mente. Me levanté de golpe y me acerqué al escritorio.
―¡Pero yo no soy gay maldita sea!―Solté y mientras, en un impulso de rabia, puse mis manos encima del escritorio y arrastré las manos por él. Arrasé con todo lo que había encima. Se me ocurrió una idea para intentar entender lo que me ocurría y fue imaginarme besando tanto a Julen como a Joel.
Cuando me imaginé besando al primero, fue como notar esa sensación de éxtasis cuando algo te produce inmensa alegría. Notaba como se me entrecortaba la respiración. Me acaricié los labios y me puse a sonreír como un estúpido. Pero cuando me imaginé el beso con el segundo… Fue un acto de repulsión. Una sensación tan rara que sentí que me besaba con un pariente cercano. Descarté la idea de volver a imaginarme algo así. ¿Entonces…?. ¿Significaba que era gay? ¿Que no?. Nunca me había desagradado besarme con chicas, y había alguna que otra que me atraía muchísimo. Jamás en la vida me habían atraído los chicos. Pero…
―¿Qué demonios me pasa?―Me dije en voz alta. Estaba empezando a comprender lo que me sucedía, pero tenía miedo. Un miedo irracional. Miedo a lo desconocido. No podía decírselo a Julen.
Esperé al día siguiente. Por la tarde a eso de las seis o siete, le mandé un mensaje y quedamos en Callao. Cuando llegué vi el día bastante nublado y no llevaba paraguas. Maldije por lo bajo.
Había aguantado casi todo el día sin felicitarle para hacerlo en persona y a pesar de que no tenía ningún regalo, estaba muy nervioso por volver a verle después de lo que había experimentado al imaginarnos compartiendo un beso.
―Se te nota impaciente, ¿llevas esperando mucho rato?―Me dijo mientras se acercaba a mi con una sonrisa.
―Estoy nervioso porque no traje regalo. Y no te preocupes. Apenas llevo aquí diez minutos.―Le devolví la sonrisa.
―No hacen falta regalos. Me vale con que hayas podido venir. Necesito hablar contigo.
Se me paró el corazón. Sentí como si alguien me lo hubiese arrancado del pecho. No podía respirar y desvié la mirada.
―Ey, ¿Estas bien? ―Dijo mientras me agarraba del brazo. Le aparté muy bruscamente.
―¿Rayner? Estás blanco...me estas asustando.
―¿Qué...qué quieres decirme? No me hagas esperar más.―Le presioné. Necesitaba que lo soltase de una vez o me iba a dar algo allí mismo.
―No te pongas así. Solo quiero que demos una vuelta por la calle fuencarral. Lo que quería decirte es que quiero visitar varias tiendas que han abierto nuevas, si te parece bien... ―Dijo mientras alzaba las manos en señal de paz.
Había comenzado a chispear mientras caminábamos cerca de las tiendas. Mis pulsaciones se iban estabilizando. Ya podía caminar a su lado sin que me doliera el corazón de la incertidumbre y los nervios. Me consideraba una persona bastante solitaria y muchas veces fría, incapaz de dar muestras de cariño como besos o abrazos. Pero estar al lado de Julen rompía todos mis esquemas y me hacía una persona intensamente sensible y con ganas de pasarme el día agarrado a él. Volví a recordar lo que me imaginé la noche anterior y eso hizo que mis pulso se acelerase de nuevo. Tendría que asumir que era un poco masoquista.
Entramos a una de esas tiendas. La tienda tenía una decoración muy rockera. Estaba llena de tatuajes con formas de tribal y otros más raros colgando de la pared. Me asomé a una vitrina y lo vi. Era el kanji de agua. Lo reconocí porque Julen me lo había enseñado en alguna ocasión. Supe al instante que ese sería mi regalo para él. Era perfecto.
Entramos a una de esas tiendas. La tienda tenía una decoración muy rockera. Estaba llena de tatuajes con formas de tribal y otros más raros colgando de la pared. Me asomé a una vitrina y lo vi. Era el kanji de agua. Lo reconocí porque Julen me lo había enseñado en alguna ocasión. Supe al instante que ese sería mi regalo para él. Era perfecto.
Disimuladamente llamé a una dependienta que revoloteaba por allí mientras Julen estaba entretenido mirando otra de las vitrinas. Como había bastante gente no se percató de nada. Cuando salimos le ofrecí meternos por uno de los callejones cercanos. Llovía a mares y nos refugiamos como pudimos debajo de un andamio de obra. Estábamos empapados. Miré alrededor, desde que nos habíamos reunido en Callao había tenido la sensación de que alguien nos estaba siguiendo. Quise quitarme aquello de la cabeza y centrarme en sacar del bolsillo el regalo de Julen. No quería que nada enturbiase aquel momento.
―Toma―Se lo tendí en la mano con una sonrisa. Lo sacó de la bolsa como pudo. Le estaban temblando las manos.
―Dios mio.―Me dijo mientras lo miraba.
Julen
Me quedé sin palabras. Era el mejor regalo que me habían hecho nunca. Me encantaba todo lo que tuviese que ver con Japón y me había regalado aquel Kanji que le había mencionado tantas veces. Era un regalo que a simple vista parecía lo más simple del mundo pero para mi lo significaba todo. Antes le había dicho que quería hablar con él pero no me había atrevido a decirle la verdad. Me había inventado la excusa de las tiendas. Solo quería estar a su lado… Lo que no entendía era por qué se puso tan blanco de repente cuando le dije que tenía que hablar con él.
―Arigato. *
―Me alegro que te haya gustado, en realidad lo acabo de comprar sin que te dieses cuenta, lo he visto en la vitrina y tenía que comprarlo.―Me dijo y notaba cómo le temblaba la voz. Era como si algo le impidiera hablar con normalidad. La verdad es que tenía razón y no me había dado cuenta cuando lo había comprado, tampoco esperaba que me confesara que lo acababa de comprar, pero no había podido acertar más.
―Yo...en realidad no quería ir a ninguna tienda. Era una excusa. Solo quería estar contigo―le confesé mientras cerraba los ojos. Necesitaba decírselo...―Lo que quería decirte es que me gustas desde que te vi por primera vez y...creo que me he enamorado de ti.
Lo solté todo de carrerilla. Confesarle aquello había sido como tirarse desde un acantilado. Podía salir bien y podrías sobrevivir a semejante caída o podía salir mal y estamparte contra las rocas. No había vuelta atrás. Vi cómo su rostro volvía a perder el color. Estuvimos un rato sin hablar, sentía que me iba a reventar el pecho de lo rápido que me latía el corazón. Aun seguíamos empapados, me fijé en cómo le caían gotas del pelo. Me fijé también en cómo se mordía el labio inferior. Era realmente sexy. Oh dios, tenía ganas de besarle. Tenía muchísimas ganas.
―Julen… ayer me di cuenta de algo y...madre mía....―Hizo una pausa y cerró los ojos―Creo que yo también te quiero.
Al final el agua amortiguó mi caída ficticia. No pude soportarlo más. Le agarré la cara y le besé con todas mis fuerzas. Había esperado ese momento durante meses. Jamás habría podido imaginar que él sentía lo mismo. Mis dedos se entrelazaron en su pelo, mi lengua buscaba la suya con ansia. Y me aferré a él.
Cuando dejamos de besarnos, me susurró en el oído algo que era solo para mí.
―Feliz Cumpleaños.
*Gracias en japonés.
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