lunes, 29 de junio de 2015

Capítulo 21


Dudas


Gara


Cuando encontramos a Rayner, estaba en el suelo en un pequeño charco de sangre. Pensé que estaba muerto. Pude ver como Julen se aferraba a él y le decía cosas que no logré escuchar. Estévez fue el que más temple tuvo de los tres. No se quedó quieto ni un momento y enseguida se acercó hasta Julen para exigirle que se moviera. Le levantaron y fuimos hasta el coche. Era de noche y esperábamos no tener que encontrarnos a nadie y tener que dar explicaciones. Por suerte las calles estaban prácticamente vacías y Estévez tenía el coche cerca. No tuvimos que llegar a la plaza de Sol. Habría sido muy arriesgado.


Me puse en el asiento del copiloto, Julen se puso atrás con Rayner. Con una de las manos le acariciaba el pelo y con la otra le presionaba la herida. Estévez le había estado inspeccionando antes de salir, sacó una especie de botiquín de su maletero y había vendado a Rayner para que no se desangrase antes de llegar. Julen estaba cubierto de sangre, al igual que Estévez. La imagen era desoladora. Yo apenas me había querido acercar, ni siquiera me salía la voz después del grito que dí al encontrarle allí tirado. Estévez entró en el coche y arrancó. Iba conduciendo como un loco, en una carretera muy estrecha y yo no podía parar de pensar la sangre fría que había tenido. Parecía estar acostumbrado a todo aquello, pero nosotros... Daba gracias todo el rato por tener a Estévez con nosotros. Sin duda habían acertado y era un buen agente o como se le dijera.


—Julen, deja de llorar y tranquilízate. La bala le ha salido por el otro lado.—Dijo Estévez, estaba seguro de sí mismo y le había cambiado completamente el semblante, no parecía el mismo que había llegado con una sonrisa a casa de Rayner.


—¿Qué..?—susurró Julen. Aun sollozaba.


—Eh, oye.—Le llamó mientras le miraba por el espejo del centro.— Significa que se va a poner bien, ¿de acuerdo? Creo que no le ha afectado a ningún órgano.


Las líneas de la carretera cada vez pasaban más rápido. Julen había dejado de sollozar y nos encontrábamos en silencio. Solo se oía el motor del coche. Estévez entró en el parking de la orden casi derrapando y tocando el claxon una y otra vez en señal de alarma. Salieron dos o tres personas seguidas de Monroe y Rodríguez. El primero abrió la puerta del coche y se encontró aquel panorama que no sabría como describir.


—¿Qué coño ha ocurrido?—Soltó mientras intentaba agarrar a Rayner para que Julen pudiera salir.


—No hay momento para explicaciones—Dijo Estévez mientras salía del coche.—llama a Irene,¡vamos!—Le ordenó. Monroe calló y acató dichas órdenes. Nunca habría esperado algo así pero tampoco había tiempo para pensar en formalismos.


Vi como se lo llevaban en volandas, Julen y yo les seguíamos de cerca pero no nos dejaron pasar de una de las salas donde se habían dirigido. En el instante que Julen se enteró que tenía que esperar fuera fue cuando se derrumbó del todo. Pegó un grito desgarrador y cayó de rodillas al suelo. Apoyó también los codos y se agarró la cabeza con las dos manos. No sabía qué hacer así que me arrodillé a su lado y le abracé. Nos quedamos así un buen rato.


Julen


No recuerdo cuanto tiempo pasé en el suelo ni cuando sentado en la silla. Mi corazón no podía dejar de latir apresuradamente. Sentía un nudo en la garganta. Nadie salía a decirnos nada y cada vez perdía más los nervios. Hasta que por fin al poco rato después apareció Estévez. Me levanté de golpe y me dirigí hacia él.


—¡Dime que está bien, por favor!—Dije mientras le agarraba para zarandearlo. El me hizo una llave y me inmovilizó.


—¡Cálmate!—Me gritó.—Así no puedo hablar contigo.


Me soltó y me llevó a una sala donde había máquinas de refrescos. Me ofreció una infusión que rechacé y me hizo sentarme en una de las butacas que había allí. Gara nos seguía, imitando nuestros movimientos.


—¿Está bien o no? ¡Di algo de una vez!—Soltó Gara. había perdido la compostura y en sus ojos se podía ver una mezcla de preocupación y miedo.


—Está bien. Como ya os había dicho en el coche, la bala no le ha rozado ningún órgano y ha salido limpiamente. Pero...—Calló por unos segundos que se nos hicieron eternos y le hicimos señas para que continuase—ha perdido mucha sangre. No se cuanto tiempo estuvo allí tirado pero hemos tenido mucha suerte.


—Yo tengo su grupo sanguíneo.— Soltó Gara.


—Yo también. Es más ya le han puesto mi sangre. Así que de momento está estable y en observación. Está inconsciente.—Dijo Estévez mientras nos miraba de soslayo.


—¿Puedo pasar a verle?—Le dije. Quería comprobar que estaba bien, no me servían las palabras. Quería cogerle la mano y esperar a que abriese los ojos y que me viera allí, junto a él. Estévez asintió y nos dirigimos al cuarto donde se encontraba.


Al par de horas echaron a Gara de allí pero yo me puse cabezota y conseguí quedarme con él. Aferrando su mano. No pensaba moverme de allí hasta que no abriera los ojos.

Rayner


Me pesaba todo el cuerpo, era como si me hubiesen puesto pesos de veinte kilos en cada extremidad. Abrí lentamente los ojos y pude ver el pelo de Julen. Tenía la cabeza apoyada en mi cama. Intenté llamarle y soltar la mano que me tenía agarrada pero no podía. El enseguida se percató que había despertado y quiso tocarme la cara. Conseguí mover la cabeza hacia un lado y le desvié la mirada.


—¿Rayner?—Me dijo, estaba muy confuso. Acababa de despreciarle una caricia.


El lo intentó de nuevo y conseguí que me saliera la voz. Tenía que preguntar pero tenía miedo de las respuestas.


—Tu...tu les dijiste, tú le dijiste que...—me costaba muchísimo hablar pero tenía que hacerlo.


—Eh, no te esfuerces. Ya tendremos tiempo de hablar—Se acercó a besar mis labios pero retiré la cara. Julen me miró, sabía que eso le había sentado aun peor que el rechazo de su caricia.


—¿Les dijiste que… se metieran con Joel?—Le agarré del brazo como pudé, prácticamente obligándole a confesar. Le miré y vi como era ahora Julen el que me apartaba la mirada. No hizo falta una respuesta con palabras. Ese gesto me lo había dicho todo.


—Tiene una explicación, te lo aseguro—Pude ver como las lágrimas recorrían sus mejillas.


—Estabas...estabas con Joel. No querías... que me enterara ¿No fue por eso?—Bajó la cabeza, dándome a entender que todo lo que me había dicho Iraida era cierto. Estaba indignado. No solo me habían mentido y ocultado cosas mis padres, sino también Joel y Julen... Me sentía como una marioneta en manos de todos. Ellos movían los hilos a su antojo y yo no me había dado ni cuenta. Encima me habían atravesado el pecho de un disparo y no podía moverme apenas. Ni siquiera podía decir una frase sin que me costase respirar aunque ya estaba recuperando un poco de movilidad. Apenas me dolía, no sabía que me habían inyectado...pero la traición de Julen me quemaba por dentro.—Vete.


No quería verlo. No podía mirarle a la cara sin sentir una profunda rabia que me daban ganas de abofetearlo con todas mis fuerzas.


— Rayner, no es lo que parece… Cuando te recuperes lo hablaremos todo y…


—He dicho...que te vayas. ¿Acaso... estás sordo?—le solté sin pensar mis palabras. Me había hecho tanto daño que no era capaz de contener mi ira por mas tiempo.


—Rayner por favor,¡te lo explicaré todo!—Le eché una mirada de desprecio. Quiso tocarme pero reuní suficiente fuerza para apartarle de un manotazo.


—¡VETE!— Acabé gritando y del esfuerzo se me empezó a nublar la vista. Entraron Gara y Estévez corriendo y le sacaron de allí. Acto seguido entró la doctora y me desmayé.


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—¿Qué ha ocurrido?— Preguntó Estévez. Estaba desconcertado.


Julen era incapaz de hablar, se había quedado en shock. Estévez le agarró y le llevó a uno de los cuartos donde se solían quedar cuando les llevaban allí. le echó en la cama y le dejó allí para que descansara. Regresó junto a Gara y la abrazó. Ella estaba muy asustada.


—¿Pero qué narices ha pasado ahí dentro?—Preguntó Monroe mientras se acercaba a Gara y a Estévez.—Ese gilipollas tiene fuerza para tratar mal a la gente incluso cuando ha recibido un balazo.


—Monroe...—Estévez le hizo un gesto para que dejase de hablar.—No creo que Rayner haya perdido los nervios así como así ante Julen. Ellos…


—¡No me jodas! ¿En serio?— Monroe había entendido perfectamente lo que unía a aquellos chicos. No lo había visto venir. —Pues pobre chaval de pelo blanco. Porque menuda mala leche se gasta el otro desgraciado.


—¡Monroe! Tenemos que hablar— Intervino Rodríguez a su espalda, a Estévez no le dio tiempo a hablar para salir en defensa de Rayner. Enseguida los dos hombres desaparecieron por el final del pasillo.


Llegaron hasta el despacho del director. Entraron sigilosamente y se acercaron al escritorio donde estaba el hombre esperándolos.


—¿Han hablado con Estévez?


—Si, ya saben quien ha sido y va a por el bolígrafo. Tal y como lo habíamos sospechado. Es muy arriesgado que cuando se recupere vuelva a su casa. Deberíamos llevarles a la casa de la sierra.—Aconsejó Rodríguez.


El director asintió en señal de conformidad.


—Hay que trazar un plan para atrapar al culpable.— Dijo Monroe mientras daba un golpe en la mesa.

—Tienes razón. La línea del señor O’connell ha cambiado. Y no podemos dejar que suceda lo que está escrito ahí. No dejaremos que se nadie se haga con el bolígrafo.—Sentenció el director.  


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