viernes, 19 de junio de 2015

Capítulo 13


Aceptación


Les estuve observando todo el tiempo. En la cafetería, cuando aparecieron en la biblioteca, incluso cuando hablaron con aquel tipo en Plaza de España.
He estado muy cerca, siguiendo cada paso que daban. A partir de ahora van a cambiar las cosas, ya me he cansado de jugar al juego de las escondidas. Es hora de verse cara a cara. Sufrir tanto como sea posible. Que llore todo lo que he llorado yo. Ya le advertí una vez a ese gilipollas que me las iba a pagar. Y ha llegado el momento.


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Rayner


Nos llevó a las dos habitaciones que habíamos ocupado cuando Julen y yo nos reencontramos. No recuerdo sobre que hora llegamos ni que hora era cuando nos metimos en las habitaciones, pero se nos hizo muy tarde. Gara se metió en el cuarto de la izquierda después de darnos las buenas noches y Julen y yo nos metimos en el de la derecha. El se sentó en la cama, apoyando la espalda en el cabecero y me hizo un gesto para que me sentase con él. habíamos pasado casi todo el día allí.


―Deberías curarte eso― Me dijo mientras me acariciaba la herida.


―Le dije a Estévez mientras veníamos hacia aquí que me trajera algo para curarlo.


―Donde nos hemos metido, Rayner... ―suspiró. Mirando hacia sus piernas. No era capaz de aguantarme la vista más de dos segundos seguidos.


―Supongo que ya no podemos hacer nada. Tendríamos que estar en la habitación de Gara. No se si se va a encontrar a gusto ella sola.―Le dije, estaba empezando a ponerme muy nervioso.


―¿No quieres quedarte conmigo a solas?


―No se si es buena idea tensar la cuerda, Julen… Has vuelto a entrar en mi vida y lo has puesto todo patas arriba. Y encima no para de haber evidencias que todo gira en torno a Joel. Yo creo que el destino nos está avisando….


―El destino te ha puesto en mi camino de nuevo.


Me levanté de golpe. Julen me había agarrado la mano y si me dejaba llevar sabia como iba a acabar aquello. Llamaron a la puerta y eso hizo que la situación se normalizara un poco y no hubiese tanta tensión. Abrí la puerta y allí se encontraba Estévez, traía un maletín blanco con una cruz roja.


―Espero que encuentres todo lo que necesites aquí. ―Me dijo mientras me ofrecía el maletín. Antes de irse me sonrió y movió rápidamente las cejas arriba y abajo.


―Largo de aquí o el que va a usar esto vas a ser tú―Le dije mientras le lanzaba una mirada de pocos amigos y movía el maletín.
Salió corriendo por el pasillo y yo cerré la puerta de la habitación con un portazo. Me dirigí al baño para curarme y Julen vino detrás mío. Se ofreció a ayudarme y después de negarme varias veces y el insistir otras tantas, acabé aceptando. No pensaba que eso fuese buena idea pero… ¿Qué podía hacer?


Ahora era yo el que no podía aguantarle la mirada. ¿Por qué cada momento que pasaba con Julen me parecía sacado de una película para chicas adolescentes? De verdad estaba para que me diesen dos bofetones bien dados. Me habían secuestrado, me había enterado de que existía una organización secreta, había aprendido a rastrear móviles, me habían atacado en la calle y me habían roto el labio y yo solo podía pensar en las ganas que tenía de agarrar a Julen y empotrarle contra la pared o tirarle en la cama para hacerle el amor una y otra vez hasta que amaneciese. “Rayner, céntrate” Me dije. Como eso siguiera así me iba a volver loco. ¡Hasta dormíamos juntos! Ni siquiera nos habíamos besado desde que le dejé cuando solo eramos unos adolescentes. Terminó de curarme y me fijé como se mordía el labio. Julen solo se solía morder el labio cuando algo le ponía muy nervioso o... Prefería apartar todo aquello de mi cabeza. Con mucho esfuerzo le saqué del baño y nos echamos en la cama, cada uno en su lado sin apenas rozarnos. Todo indicaba a que ambos estábamos demasiado alterados como para dormir muy juntos. No pegué ojo en toda la noche. No después de lo del baño. Y no creo que Julen durmiese mucho mejor. Se había pasado gran parte de la noche moviéndose sin parar. Escuché unos pasos y unos leves golpes en la puerta. Me levanté de un salto y me dispuse a abrir.


―Chicos, es hora de irnos a casa.―Dijo Gara, Estévez estaba a su lado.


―¿Él también viene?―Dije mientras con una mano me rascaba el ojo y con la otra señalaba a Estévez.


―Si y tenemos que dormir en tu casa. Todos. Son órdenes de arriba. Es por si acaso. ―Me aseguró.


―Mi casa va a parecer una puta comuna. A ver si alguno me ayuda con las facturas.


Gara entró en la habitación y se sentó al lado de Julen, que aún estaba tumbado en la cama.


―Vamos, perezoso.―Le dijo ella mientras le zarandeaba un poco.


―Gara, te estás volviendo un ser muy molesto. Eres como una mosca cojonera. Pero bueno, supongo que en el fondo me caes bien.―Dijo Julen entre risas.


―¿En el fondo? Bueno, poco a poco.


Cuando salieron de la habitación nos fuimos al parking que tenían fuera y Estévez nos llevó en su coche hasta mi casa. La verdad no tenía ni idea donde leches lo iba a aparcar pero supongo que la orden habría pensado en eso.

Al llegar a casa recibí otro mensaje pero se lo oculté al resto. Esta vez era diferente, el mensaje iba expresamente a indicarme una hora para quedar y quería que me presentara solo. Me estaba vigilando. No podía creer que quien estaba detrás de todo aquello quisiera verme en persona. Y no podía desaprovechar la oportunidad.


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