miércoles, 24 de junio de 2015

Capítulo 17


El Bolígrafo del Tiempo

Rayner

Un sonido molesto se escuchaba por toda la habitación, procedía del teléfono que tenía en la mesita de noche. Estaba en vibración y en el silencio de la noche se podía escuchar con claridad cómo daba golpes contra la mesa. Abrí los ojos y fui a estirar el brazo para cogerlo, pero estaba demasiado lejos y Julen estaba agarrado a mí, lo que me limitaba los movimientos. Conseguí apartar con delicadeza el brazo de Julen y logré alcanzar el teléfono, miré la hora y el nombre de quien llamaba. Era Monroe.

―¿Qué quieres? Son las cuatro de la mañana...―Mi voz sonaba como si estuviese resfriado.

―Tenéis que venir a la orden. Ya.―Exigió él.

―Te acabo de decir que son las cuatro de la mañana y como comprenderás estaba durmiendo. Así que nos vemos luego.

―Ni se te ocurra colgar, niñato. Te he dicho que vengáis ya y punto.―Cada vez sonaba más alterado.

―Pues haber llamado a otro…

―Lo hice. Llamé a Estévez y a Arnaiz y no me lo han cogido, no he tenido otra opción. No te soporto.

―Oh gracias, que amable. Adiós…

―O’connell,―Me gritó al otro lado de la línea y di un bote―se un hombre por una vez, mueve tu culo de gilipollas y te los traes aquí a todos.

¿Me estaba dando un voto de confianza o simplemente se limitaba a exigir? No se había atrevido a amenazarme… Sería porque era su última esperanza. Siempre podía venir él y arrastrarnos hacia allí a la fuerza, pero se había molestado en llamarme y pedirme aquello.

―¿No puedes ser más simpático por una vez en tu vida? Yo no te he hecho nada… ya podría haber colgado.―Le escuché suspirar unos segundos y después me contestó algo que jamás habría esperado por su parte y menos hacia mi persona.

―Por favor, O’connell. Traetelos a la orden. Ayer me mandó un mensaje Estévez de que te habías enterado de todo y tenemos que explicarte muchas cosas…Además es urgente que vengas especialmente tú.

No podía estar más sorprendido. ¿Se estaba dirigiendo a mi sin gritos y me lo pedía por favor? Encima estaba dispuesto a explicarme lo que había pasado con mis padres. No podía desaprovechar la oportunidad así que le aseguré que allí estaríamos y me dispuse a vestirme a toda prisa. Desperté a Julen del golpe que había metido al cerrar el armario. Me acerqué a él y le di un beso en la mejilla.

―¿Qué haces?―Me dijo mientras se estiraba.

―Tenemos que irnos a la orden. venga vístete.―Le dije mientras le tiraba en la cama unos pantalones y una camiseta que había recogido para él. Era mi ropa pero a pesar de la altura, usábamos la misma talla de pantalón. De camiseta él tenía más talla porque en el tiempo que habíamos estado sin vernos había estado yendo al gimnasio y había sacado algo de músculo, por suerte yo usaba las camisetas muy anchas y le valdría sin ningún problema. No había tiempo para estar buscando su ropa.

―Esto es tuyo, si que tenemos prisa…¿Me das tu ropa interior también o con la mía que llevo ahora vale?―Me soltó con burla y yo mientras le sacaba la lengua.

Le tiré unas zapatillas y salí del cuarto. Iba todo lo rápido que podía. Desperté primero a Gara y luego a Estévez. Gara se levantó un poco asustada y la abracé para tranquilizarla. Le pasé su ropa de salir para que se cambiase y le pasé una camiseta a Estévez.

―Venga daros prisa. Monroe estaba algo alterado.

―¿Y por qué te ha llamado a ti?―Me preguntó Estévez, tenía el ceño fruncido en una mueca de confusión. Gara se levantó y se fue al baño a cambiarse.

―Porque no le habéis cogido el teléfono…


Estévez no dijo más, sabía perfectamente que si Monroe había optado por llamarme a mí era porque le había llegado el mensaje de lo de los informes.


―¡Julen, venga!― Le grité.


En cuanto Gara regresó volví a llamar a Julen, había dicho que ya estaba listo. Pero habían pasado mas de diez minutos y no había aparecido.


―Julen nos vamos, no te lo digo más veces.―Volví a gritarle.


Al final acabé perdiendo la paciencia y les hice un gesto para que nos fuéramos sin él. Seguro que así bajaría corriendo. Conocía perfectamente a Julen y siempre le pasaba lo mismo. Bajamos y Estévez fue a por el coche. Julen aún no había bajado cuando regresó y nos montamos. Cuando arrancó vimos a Julen salir corriendo del portal y girar hacia nosotros para perseguirnos, pero Estévez no paraba y me asusté. Le pegué un grito pero no hacía caso, hasta que escuchamos como algo golpeaba el coche. Estévez frenó en seco y se bajó, dejando el motor encendido.


Julen


No me había quedado otro remedio que lanzar una piedra al coche. Había tenido mucha suerte de encontrar algo con lo que llamar su atención. Vi como Estevez frenaba en seco y se bajaba. Su expresión me hizo sentir como un escalofrío me recorría el cuerpo. Cuando llegó hasta mí me agarró del brazo de muy malos modos y tiró de mí hasta llevarme con los demás. Abrió la puerta del asiento trasero por el lado del conductor y me metió de un empujón. Choqué contra Rayner. Gara pegó un grito desde el asiento del copiloto. Él se metió en el coche y antes de continuar se giró hacia nosotros. Me miró siniestramente, se podía intuir lo enfadado que estaba. Nunca había visto a Estévez así y parecía estar delante de otra persona diferente.


―Vuelve a hacerle eso a mi coche y te juro que te vuelo los sesos. ¿Me has entendido?


Asentí. Le agarré  la mano a Rayner y nos miramos. Nuestra cara reflejaba un terror irracional. ¿De verdad conocíamos a Estévez? Parecía una persona fría, capaz de matarte allí mismo sin sentir remordimientos. Me recordó a Monroe la vez que perdió los nervios y acabó agrediendo a Rayner. Me quedaba el consuelo que al menos no se había atrevido a apuntarme con ninguna de las pistolas que llevaba encima.


El viaje lo hicimos en silencio. Ninguno se había atrevido a decir nada. Rayner y yo nos fijamos en Gara, como ella miraba de vez en cuando a Estévez. Pero nos logramos tranquilizar todos cuando llegamos y Estévez tenía otra vez aquella sonrisa que le caracterizaba. A pesar de estar más tranquilos aún no se nos había borrado del rostro el miedo que habíamos sentido en el coche.


Entramos en el despacho del director y allí se encontraban también Monroe y Rodríguez. Se fijaron en la cara que traíamos Gara, Rayner y yo y se echaron a reír.


―Ya te han visto en acción, ¿eh?―Se burló Rodriguez. ¿En acción? Bueno alguien que llevaba dos pistolas en un cinturón no tendría que ser una persona muy pacífica...


―Apuesto a que le han hecho algo a su coche―Monroe le siguió el juego a Rodriguez.


Ambos hombres estallaron en carcajadas hasta que el director les hizo callar. Se levantó y nos hizo un gesto para que nos sentáramos. Estévez se puso al lado de los dos hombres que intentaban contener su risa.


―Señor O’connell, tenemos una nueva misión para usted. Necesitamos que cuide de esto―Abrió una caja y le ofreció un bolígrafo negro. Como si fuese una pluma de las que se usaban antiguamente para escribir.


―¿Un bolígrafo?―Lo miramos los tres.


―No es un bolígrafo cualquiera. Es el bolígrafo de tu línea temporal.―Añadió Monroe.


―Pero… No entiendo. ¿Que hago yo con eso?


―Han vuelto a atacar la orden, buscaban el bolígrafo. Aquí ya no está a salvo. Necesitamos que cuide usted de él. No debe caer en malas manos―Dijo el director. Le hizo un gesto para que se acercara―Este bolígrafo tiene un mecanismo que abre un agujero en el espacio y en el tiempo, con solo escribir la fecha a la que quieres viajar, el bolígrafo abre una puerta interdimensional. Por eso es tan importante que cuide de ese bolígrafo. Su vida depende de ello. Y por favor. No lo use. No haga como sus padres.


Rayner le miró, confuso. Esperaba una explicación acerca de lo que ponía en los informes.


―Me he enterado que ya sabe quién es usted, Y quienes fueron en realidad sus padres. Lo que hacían para esta orden.―Hizo una pausa―Verá… sus padres fueron los mejores agentes que he tenido en mucho tiempo. Pero cometieron el gran error de dejarse llevar por los sentimientos que tenían por usted y no pensaron con claridad. Y eso les costó la vida.


―¿Qué…?―Me levanté y me puse al lado de Rayner. Él me agarró la mano con fuerza. Podía notar una mínima parte de lo que estaba sintiendo él tan solo con ese gesto. Yo le respondí de igual forma para infundirle ánimos.


―Sí, sé que es duro y que se siente decepcionado porque le han estado ocultando muchas cosas, pero sus padres desde el momento en el que decidieron desafiar el destino sabían que estarían en peligro y que no podrían regresar a la orden. No creerían conveniente hablarle de nuestra existencia.


―En el informe dice que los padres de otro chico que conocí estaban involucrados, y su abuela me ha confirmado que iban en el mismo coche cuando murieron.


―Verá señor O’connell… Los padres de su amigo Joel Vázquez también estuvieron involucrados, si, y por eso murieron los cuatro. Sabían los riesgos que corrían y a pesar de todo lo hicieron.


―Pero qué es lo que hicieron exactamente, ¿y cómo sabe el nombre del chico y que era mi amigo?―Rayner estaba cada vez más nervioso, me agarraba con más intensidad la mano y pensé que me la iba a partir en dos.


―Lo se porque lo tenemos todo registrado. Se supone que el puesto en la orden pasa de generación en generación e iba a recaer en usted y en el señor Vázquez. Pero ocurrió la gran desgracia y quisieron traerlo de vuelta. Evitar que muriera. Pensaban que si desafiaban al destino podrían salir victoriosos. Pero no fue así, señor O’connell. No se puede salvar a alguien cuando su destino está escrito. Trae consecuencias y eso les llevó a la muerte.


―Ahora lo entiendo...―Dijo Rayner soltando mi mano. Comencé a ponerme nervioso―Ella me dijo que iba a arreglar lo que hice. Mencionó a nuestros padres, les llamó cobardes.


Todos en la sala nos miramos, confundidos. ¿De qué diablos estaba hablando? Acto seguido salió corriendo como alma que lleva el diablo. Fui tras él y Gara se quedó en el despacho.


―¡Rayner, espera!―le agarré en medio del pasillo y él se giró y me rodeó con los brazos. Entrelazo sus dedos en mi pelo.


―Es Iraida. La hermana de Joel―Me susurró al oído― Me enviaron un mensaje y acudí a su encuentro. No sabía que era ella hasta que escuché su voz. Iba armada y me amenazó con hacer daño a todas las personas que me importaran. Sobre todo a ti. ―Le aparté de un empujón.

―¿Como has podido ocultarme algo así? ¿Y si te llega a pasar algo?―Estaba profundamente dolido con él.

―Te juro que jamás voy a volver a ocultarte nada. Por eso has sido el primero en enterarte de esto...―Aquello me hizo reflexionar. Había sido el primero al que se lo había contado. Confiaba en mi.―Pero… pero me dijo que mis padres me ocultaban algo y tenía razón. Así que he estado pensando sobre esto…¿Seguro que no tienes nada que decirme?

―¿Qué? ¿Por qué lo dices?―Noté como mi corazón se aceleraba. Me puse tan nervioso que por un momento pensé que lo había descubierto todo.

―Ella me dijo que me escondes algo. Yo confío en ti pero no puedo quitármelo de la cabeza. También confiaba en mis padres y mira.

―No te estoy ocultando nada, Rayner ―Dije mientras me agarraba a él. Ahora era yo el que entrelazaba mis dedos en su pelo, intentando que no me mirase a los ojos y averiguara que le estaba mintiendo. Lo que había estado llevando en secreto ardía en mi interior. Más vivo que nunca. ¿De verdad hacía bien en ocultarle algo así a Rayner? Si se lo contaba, aquello le iba a destrozar y no quería que sufriera más. Ya era suficiente. Iraida no podía saberlo todo.

―Julen, quiero que empecemos a salir de nuevo. Y esta vez no pienso dejar que nada nos separe.―No fui capaz de moverme. Solo podía notar como mi corazón se desbocaba todavía mas ante aquella frase. El me agarró la cara y me besó dulcemente.


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