domingo, 14 de junio de 2015

Capítulo 7


Comienza el juego


Rayner se despertó sobresaltado. Había estado recordando en sueños algo que le sucedió cuando tenía unos 15 o 16 años. Estaba algo alterado y confuso. Pasaron dos o tres minutos hasta que consiguió poner en orden sus ideas y recordar lo que había ocurrido la noche anterior.
Tanteó el lado derecho de la cama, buscando algo que le indicase que Gara seguía allí. Al no encontrar ni rastro de ella se incorporó y observó que ya se había marchado. «¿Pero cuando se fue?» Se preguntó. Pensó que quizá todo había sido un sueño. Que no existía ninguna orden ni nada parecido y que no se jugaba la tranquilidad de toda su vida. Se levantó y casi sin darse cuenta se encaminaba hacia la cocina. Iba absorto en sus pensamientos por lo que no se dio cuenta de que alguien dormía en su sofá, así que preparó la cafetera y la encendió. Estuvo un buen rato haciendo bastante ruido: abriendo y cerrando el frigorífico, preparando la tostadora, cortando naranjas… No se cortó ni un ápice, abría y cerraba cajones con movimientos entre bruscos y torpes. Estuvo más de diez minutos así hasta que una voz le sobresaltó: ―¿Así despiertas a todas tus visitas? ¿Acaso quieres dejarme sordo? No he visto a nadie en toda mi vida hacer tanto ruido para prepararse el desayuno―Dijo la voz, con burla.


Rayner pegó un bote y se cortó el dedo índice con el cuchillo que estaba usando para partir las naranjas.


―¡Joder! ¿Y tú acaso quieres matarme de un infarto?―Soltó mientras buscaba algo con lo que parar la hemorragia.


Todo se vino abajo. Aquello no había sido un mal sueño, aquel chico de ojos amarillos estaba en su casa, durmiendo en su sofá. «Entonces…¿Dónde está Gara?» Pensó, alzando la vista, buscándola.


―¡Dios mio, estas sangrando! Pero que torpe que eres...―Dijo el chico, levantándose rápidamente para ayudar a Rayner.


Ambos estuvieron buscando por toda la cocina algo con lo que parar la hemorragia, hasta que por fin, encontraron un rollo de papel de cocina que estaba escondido en uno de los cajones. Arrancaron un cacho y Rayner se lo colocó alrededor del dedo con ayuda de su invitado.


―Madre mía, como he puesto todo… En fin. ¿Quieres tostadas? Las naranjas han quedado para tirar.


―Deja que termine yo con el desayuno.―Dijo el otro, con una sonrisa.


Estuvieron un rato en silencio. Rayner se sentó en una de las butacas que tenía debajo de la barra de la cocina. Esperando a que el otro le sirviera el desayuno. Cuando ambos estuvieron sentados, mantuvieron aquel silencio sepulcral unos minutos más hasta que Rayner decidió hablar primero:


―¿Dónde está Gara?


―Ah, la chica de anoche… Parecía conocerme. Puso una cara de asombro increíble ¿Le has hablado de mí?―Dijo el chico, sin parar de sonreír.


―Pero que chulo eres―Cortó Rayner y luego repitió ―¿Donde está Gara?


―Creo que se fue unos veinte minutos antes de que empezaras a hacer todo ese jaleo.


―¿No estabas dormido?―Le soltó Rayner alzando una ceja.


―Qué preguntas mas estúpidas haces. Ella me despertó al cerrar, miré la hora y conseguí dormir hasta que me despertaste tú. Mire de nuevo la hora y no habían pasado más de veinte minutos.


―Tenía que explicarle por qué estás aquí y...bueno ayer no la traté muy bien que digamos.―Le explicó.


―No puedes contarle nada, Rayner. Lo dejaron bastante claro.―Dijo el chico agarrándole la muñeca.


―¿Y que le digo? Después de seis años sin verte, de repente me entró un ataque de nostalgia, salí a buscarte y oh, vamos a vivir juntos―Soltó Rayner con sarcasmo, alzado un poco la voz. Más de lo deseado.
Los dos se quedaron de nuevo en silencio. Mirando cada uno a su desayuno. Rayner notaba a su invitado muy pensativo. Tenía la sensación de que quería decirle algo pero no se atrevía.―Venga, suéltalo.


―¿De que tenías miedo anoche?―Consiguió decir en un susurro. Le costaba horrores preguntarle aquello a Rayner. Tenía miedo de la respuesta.


―Ya habíamos dejado claro que no volveríamos a acostarnos. Esto fue hace un par de días o así,―Se tocó la frente―No se cuanto tiempo pasé en la dichosa escuela.


―...Y de repente aparece en tu cama después de dejar que me quede aquí. ―Dijo el otro, acabando la frase. Ya se había percatado por qué gritó Rayner la noche anterior.―Tenías que haberle quitado la llave. Si ya no sois pareja...


Soltó una carcajada. Ya podía respirar tranquilo. Ahora tendría buen material para burlarse de aquel chico delgaducho de pelo negro y ojos fríos.


―No se de que te ríes, Julen. Además no estábamos saliendo―Soltó Rayner, encongiendose de hombros.


El otro seguía riéndose a carcajadas. No sabía cómo explicarle lo que se le había pasado por la cabeza, pero pudo decir al fin:―¿Pensabas que era yo?


―No me hace ni puta gracia.―Soltó Rayner, haciéndole ver a Julen lo ofendido que estaba. Se levantó y se encaminó hacia el baño para asearse.


―Oh venga, no te enfades...


Julen se quedó allí, terminando su desayuno con una sonrisa de triunfo.

Pasaron dos días y no tuvieron ninguna visita de Gara en la casa. Ellos apenas se dirigían la palabra. No sabían dónde buscar a aquel tipo que, según la orden, era una amenaza. Rayner estaba comenzando a perder la paciencia. No le habían dado ningún hilo de donde tirar. Solo les habían explicado lo de la amenaza y les habían dejado a su suerte para buscar. «¿Qué clase de orden se supone que es esa? No tienen seriedad.»Pensó. No tenía ninguna pista y para rematar, la presencia de Julen casi las veinticuatro horas del día. Se puso a revisar el correo. Era todo simple rutina. De casa a las prácticas y de las prácticas a casa. Revisaba el correo e intentaba ignorar a Julen lo máximo que podía. Hablaba con Gara de vez en cuando pero no le era suficiente para desconectar. Le llegó un sms muy extraño con número oculto.


Se puso blanco, no podía moverse. Ni siquiera le salía la voz. Julen le observó desde la puerta del dormitorio. Sin llegar a pasar a su cuarto comenzó a llamarle pero al ver que no respondía ni hacía el más mínimo gesto, se encaminó hacia el escritorio donde se encontraba su amigo y éste le enseñó el mensaje que acababa de recibir.


―¿Pero que coño…?― Pudo decir Julen. Estaban demasiado cerca uno del otro.


Rayner notaba como Julen se le acercaba cada vez más y su respiración se agitaba. Se quedó embobado, mirando su cuello. Tenía un tatuaje debajo de la mandíbula, por la zona de la oreja. Era un Kanji. Siempre le había llamado la atención la escritura japonesa. Conocía ese Kanji pero no recordaba el significado. Le entraron unas ganas terribles de preguntar la historia que se escondía detrás de aquel hermoso símbolo. El otro se percató que su compañero tenía sus ojos fijos en el tatuaje de su cuello, y no pudo evitar mirar los labios de éste hasta que reaccionó y le hizo un gesto para llamar su atención.


―¿Seguro que no tienes ni la más remota idea de quién puede ser?―Dijo Julen, frunciendo un poco el ceño.


―No, claro que no.― Dijo éste, cogiendo el móvil y escribiendo un whatsapp a Gara.


―¡¿Qué diantres crees que estás haciendo?!―Dijo Julen pegando un grito que hizo que a Rayner se le escurriera el teléfono entre las manos. Por suerte reaccionó justo a tiempo para agarrarlo antes de caer.―No estás comentando nada con Gara, ¿verdad?


El chico se giró lentamente para mirarle a los ojos, confirmando así que ya se había ido de la lengua.
Sin pensárselo dos veces, Julen le arreó una colleja y, antes de que se marchara del cuarto, Rayner le soltó: ―¿Qué significa el tatuaje?


―Ya te lo diré algún día―Y se marchó del cuarto lanzándole insultos por lo bajo.


―¡Le he dicho que venga!―Dijo Rayner, gritando lo suficiente para que Julen le escuchara desde el salón.
A los treinta minutos se presentó Gara. Había traído comida oriental para los tres y mientras le explicaban lo que estaba ocurriendo.
Después de la charla, Gara le preguntó a Rayner por el lugar donde guardaba sus de fotos del instituto. Éste levantó la mano, señalando en qué armario del salón se encontraban y ella corrió a sacarlas todas y empezar a buscar alguna pista.


―¿Qué es lo que esperas encontrar?―Dijo Rayner, colocándose al lado de Gara para ayudar a colocar ese caos que había formado en menos de dos minutos.


―No lo sé. Según lo que me habéis contado, parece ser que alguien ha robado información sobre tu línea temporal. Apuesto a que tiene que ser alguien de tu pasado, alguien que te guarda rencor por algo. Necesitamos reunir nombres de casi toda la gente que estaba a tu alrededor por aquel entonces.―Se explicó ella mientras no paraba de mover fotografías.


―¿Y ya está? ¿Te cuento esto y te lo crees sin más?―Dijo Rayner, perplejo ante el comportamiento de su amiga.


―No todo el mundo es como tu. Me habéis dado pruebas. No tendría por qué desconfiar de vosotros. Además me habría costado mucho creer que te encontraras con Julen de casualidad y encima te lo hayas traído a vivir contigo, así como si nada. Eso si habría sido mas increíble que todo esto.


―Hemos hecho bien en contárselo aunque te dejo a ti la responsabilidad de lidiar con la orden.―Dijo Julen, que se había acercado a ellos.―Ella sabe dónde buscar. La verdad es que no me lo esperaba.Y ha llegado a esta conclusión con un simple sms que le hemos enseñado.


«Comienza el juego» Pensó Rayner, recordando aquel dichoso correo. Era lo único que ponía en el sms pero por alguna extraña razón les había dejado tanto a él como a Julen, una sensación de miedo y angustia. Habían sido incapaces de moverse durante unos largos minutos. Pero allí estaba Gara, que no parecía haberse amedrentado por aquellas palabras y rebuscaba como una posesa en todas las fotografías, desparramadas por el suelo.


―Podríais intentar rastrear el teléfono o algo. No me estáis ayudando ahí quietos mirando, sin hacer nada.―Dijo ella, poniendo los ojos en blanco y encongiendose de hombros.


Ambos chicos se levantaron de golpe y se encaminaron al dormitorio. Encendieron el ordenador y se quedaron unos segundos mirando aquel cacharro sin saber qué hacer.


―¿Tu sabes hacer eso?―Dijo Rayner, mirando atentamente a la pose que estaba poniendo Julen.


―Si―Dijo con firmeza. El otro le echó una mirada de confusión. ―He cambiado mucho, ahora soy un todo un rebelde.

―Siembre has sido rebelde―Le dijo Rayner, dedicándole una sonrisa.


Estuvieron más de dos horas así. Gara en el salón recogiendo fotos, metiendolas cuidadosamente en un álbum y apuntando los pocos nombres que sabía. Rayner y Julen por el contrario, estaban frente al ordenador, rastreando la procedencia del sms. Julen no recordaba muy bien como se hacía, pero después de mucho insistir, consiguió rastrearlo.
Les llevaba hacia una cafetería. Se imaginaron que era una de esas cafeterías modernas que tenían wifi gratis y la gente se llevaba su ordenador para escribir o bien se conectaban a internet un rato.


Gara entró en el cuarto y se encontró a ambos chicos levantándose apresuradamente de sus sillas.


―¿Qué ocurre?¿Habéis encontrado algo?―Dijo ella mientras les seguía para salir en dirección al salón.


―Se mandó desde una cafetería, cerca de aquí. Tenemos la dirección. ¿Tú terminaste con las fotos?―Dijo Rayner mientras se ponía unas deportivas.

―Mi parte si. Faltan muchos nombres así que luego nos ocuparemos de eso. Voy con vosotros.―Dijo ella, recogiendo su bolso que se encontraba en la encimera de la cocina y los tres se marcharon del piso.


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