martes, 23 de junio de 2015

Capítulo 15


Responsabilidades

Joel estaba nervioso. No podía parar de dar vueltas una y otra vez en la cama. Estaba siendo una semana bastante dura para él. Había pasado solo un mes desde la última vez que pensó en suicidarse. Cada vez esas ideas le rondaban más por la cabeza. Ya no era solo por los que se metían con él, ni por los estudios...ni siquiera pensaba ya en lo que Julen y el se habían hecho. Solo sentía que nada tenía sentido. Aunque le atormentaba lo cobarde que había sido. Rayner no sabía absolutamente nada de lo que le había pasado con Julen y él no iba a ser el primero en decírselo. Se sentía cada vez más incomprendido, cada vez más vacío y con menos ganas de seguir luchando. Estaba claro que no era una crisis de la adolescencia. Había intentado más de dos veces suicidarse y sus padres se lo habían ocultado a todo el mundo, incluso a Iraida. Ella no debía enterarse nunca. No quería que guardase odio en su corazón porque él no fuese capaz de vivir. Ese era un gran peso que Joel no estaba dispuesto a llevar. No quería ver las caras de condescendencia de nadie y menos de aquella hermosa chica rubia tan risueña y delicada. «Si solo me pareciese a ella un poco...» Pensó. Tan solo con estar con ella un par de horas te contagiaba su alegría. Su querida y dulce hermana…. Ellos tenían un vínculo especial, eran mellizos y se adoraban. Era esa clase de relación de hermanos que se cuidan mutuamente y darían hasta su propia vida por proteger al otro. Un vínculo fuerte y sólido que si se rompía podía llegar a dejarles desorientados, sin rumbo.


Se levantó de la cama de un salto y se encaminó al escritorio. Enseguida se sentó en la silla y comenzó a rebuscar en los cajones. Encontró una hoja de cuaderno con garabatos y ahí escribió, después se relajó cerrando los ojos con fuerza y la cara apuntando al techo. Cuando los volvió a abrir, cogió el papel donde había escrito aquello, se levantó y se dirigió a la habitación de su hermana. Estaba decidido. Entró con sigilo y depositó la nota entre dos libros que tenía en el escritorio, luego se acercó a su hermana y posó sus labios en la frente de ella. La acarició el pelo. Lo llevaba un poco más corto que él y despeinado. Físicamente estaba dejando de ser Iraida para ser Joel. No solía arreglarse y parecía más un chico que una chica. A pesar de eso seguía pareciendo frágil. Aunque últimamente él la había estado acompañando a comprarse vestidos, ella pocas veces los usaba y decidía cogerle su ropa. «No te conviertas en lo que soy, por favor» Pensó. Él quería que siguiese siendo aquella niña dulce con vestidos de flores que entraba a su cuarto con los mofletes sonrojados y manchados de chocolate. Pero sencillamente había cosas que no podían ser. Enseguida se levantó para no despertarla con su presencia y se fue por donde había venido. Aquel momento fue el último que compartió con su hermana.


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―¡Ha sido culpa de vuestro hijo!―Dijo aquel hombre, lanzando un puñetazo hacia otro.


Había cuatro personas en la habitación: dos hombres, uno moreno y otro rubio. El segundo fue el que acababa de lanzar el puñetazo al otro. Y también había dos mujeres, ambas castañas. Que miraban a sus maridos con gesto preocupado.


―¡Sabes perfectamente que tu hijo tenía instinto suicida!―Dijo el hombre de pelo negro.


―No te pases o te vuelvo a arrear otro puñetazo y esta vez no me voy a contener tanto...―Dijo el otro, lanzándole una mirada intimidatoria.


―Por favor, parad ya y hablemos tranquilamente. Está Iraida durmiendo.―Interrumpió una de las mujeres. Su voz era dulce y casi inaudible, no parecía tener fuerzas para gritar.


Los dos hombres intentaron relajarse un poco y hacer caso de las peticiones de la mujer. Pero no se percataron que los gritos habían despertado ya a Iraida y escuchaba atentamente detrás de una puerta. Escondida.


―¿Se lo habéis contado ya a Rayner? Él no tiene hermanos. No tiene a nadie y si sale mal...sabéis que es lo que ocurrirá. ¿No?―Dijo el hombre rubio.


―Si que lo sabemos, Jorge. Pero tenemos una posibilidad de ayudar a tu hijo, de traerlo de vuelta y hacerlo bien. ―Dijo la otra mujer.


Jorge miró de soslayo. No parecía convencido ante la idea. Se levantó y empezó a caminar por el cuarto de un lado para otro. Pensando lo que iba a decidir.


―Pero no podemos usar el bolígrafo, está prohibido. Nos echarían de la orden. A los cuatro.―Añadió el hombre moreno.


«Arriesgar mi puesto en la orden por salvar la vida de mi hijo….» Pensó Jorge. Era un precio que estaba dispuesto a pagar. Por Joel.

Detrás de la puerta seguía Iraida que con cada cosa que escuchaba se sentía más inquieta. De vez en cuando, se llevaba las manos a la boca para que no se le escapara ningún grito de asombro y la descubrieran. ¿Qué estaba pasando? No entendía nada.

―Yo estoy dispuesta a traerlo aunque no pueda volver a la orden. Llevamos muchos años allí. Nunca hemos quebrantado ninguna norma…―Dijo la primera que había hablado antes. Estaba situada junto al hombre rubio.―¡Es mi hijo, maldita sea!

Y se desmoronó. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, ligeramente sonrosadas. Se llevó las manos a la cara y se quedó así un largo rato. Hasta que la otra mujer se acercó a ella para consolarla.

―Haremos lo que haga falta, Vanessa. Intentaremos traer a tu hijo de vuelta. Rayner lo está pasando muy mal por su muerte. Le encontramos en estado de shock cuando pasó y le costó mucho hablar de lo ocurrido para seguir adelante.

―Se suicidó delante suya...―Añadió el hombre moreno.

―Erin. No hacía falta que nos recordaras eso. Ten un poco más de respeto. Mira como está Vanessa― Dijo la mujer que consolaba a Vanessa. Le lanzó una mirada furiosa.

―Si, si hacía falta Yurena. Solo piensas en Joel. Pero ¿y Rayner? ¿Y nuestro hijo Rayner, que? ¿Acaso no te importa?―Le reprochó él.
la mujer empezó a tensarse. Apartó a Vanessa con cuidado, se levantó y le lanzó una bofetada a su marido.

―Vuelve a decir que no me importa Rayner y te juro que la próxima vez te arranco las entrañas.―Dijo Yurena, tajantemente. Sus ojos tenían un brillo de ira. Erin jamás había visto así a su mujer. Cambió totalmente su semblante. Se calló en el acto y no volvió a mencionar nada sobre el suicidio de Joel..

Los cuatro se quedaron trazando su plan. Mientras que Iraida decidió que ya había escuchado suficiente. Se dirigió a su cuarto sigilosamente y se echó en la cama. No sabía cómo asimilar todo lo que había pasado en aquella sala. Su hermano se había suicidado. Ella lo sabía por la nota que le había escrito antes de morir, pero aun no se había hecho a la idea. Encima se había suicidado delante de su mejor amigo. Había pasado casi un año desde aquello….

Luego estaba lo de la misteriosa orden, y que si le iban a traer de vuelta. «¿Cómo que lo van a traer de vuelta? ¿Se han vuelto locos?»  la cabeza le daba vueltas. Era todo tan surrealista…

Estuvo semanas siguiendo los pasos de sus padres. Intentando averiguar todo lo que ocurrió en realidad con su hermano. Intentó hablar con Rayner en repetidas ocasiones pero éste la esquivaba o siempre tenía prisa como para poder dedicarle unos minutos. Siempre que se veían se tiraban un buen rato hablando, así solía ser cuando Joel estaba vivo. Acabó perdiendo la paciencia y una de las veces que había visto a Rayner se dedicó a seguirle. No entendía por qué se comportaba así con ella cuando siempre se habían apreciado y se habían tratado como verdaderos hermanos. Maldita la hora que hizo aquella estupidez. Estaba apoyada en un árbol, lo suficiente alejada como para que no la reconocieran facilmente. Desde allí pudo observar como Rayner se reunía con otro chico, pero eso no fue lo que la hizo alterarse, sino lo que ambos chicos compartieron después.

Un beso. Un largo y apasionado beso que la dejó petrificada. Su mirada se congeló. Había reconocido al chico con el que Rayner compartía ese momento íntimo «Maldito seas, Julen...»  Quiso gritar, ir corriendo hasta él y pegarle con todas sus fuerzas. Rayner le había correspondido… no se había apartado. Tenía que haber alguna explicación. No pudo moverse. Las piernas no le respondían. Su cuerpo se inundaba de una profunda ira que contenía como buenamente podía. Después del intenso beso, ambos se abrazaban. Lo que vino después hizo que se relajara un poco. Aquellos dos estaban comenzando a alzar la voz. También vinieron algunos empujones y al final todo acabó con cada uno yéndose en la dirección opuesta. Rayner reparó en su presencia y cambió de rumbo para dirigirse hasta su posición.

―¿Qué haces aquí? No estarás espiándome...―Soltó él con un reflejo en su mirada entre cansado y dolido.

―Estas raro conmigo desde la muerte de mi hermano y pensé que era culpa mía. Pero ya veo que me equivocaba. Encima con él.... ―Dijo ella, su tono era hostil. Se le notaba profundamente decepcionada. No pudo contener por más tiempo su ira y le lanzó una bofetada.

―Se que estas enfadada, pero… ―Rayner miró hacia el suelo, acariciándose el lado de la cara en el que había recibido el golpe de Iraida. Se sentía avergonzado. No era capaz de mirarla a los ojos. Se parecía tanto a su hermano que se sentía confuso. Era como estar directamente hablando con Joel. Es más, ella iba vestida con la ropa de su hermano. Siempre la había visto así, incluso de vez en cuando cuando el aun seguía vivo. Estaba escuchando atentamente como ella le reprochaba que se besara con un chico, encima ese chico que tanto daño había provocado a su hermano.

Ella jamás se había imaginado que iba a acabar odiando tanto a Julen. Pero ese sentimiento se estaba repartiendo y ahora lo estaba llevando hacia Rayner también. Se marchó, dejándole allí cayendo de rodillas al suelo. No sentía pena por él. Solo sentía rabia. Rabia y un gran vacío. Pero ya sabía lo que iba a hacer.

»No voy a parar hasta descubrir todo lo que pasó. Por ti, Joel.«



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