miércoles, 10 de junio de 2015

Capítulo 3


Reencuentro




Escuchaba a un grupo de personas hablar. Intentaba abrir los ojos como podía pero supuso que se lo impedía una venda que le habían colocado sobre ellos. No conocía aquellas voces. Ninguna le resultaba familiar y, de la angustia, tampoco le salía articular ni una sola palabra para pedir auxilio. Le parecía muy extraño que se hubiesen tomado las molestias de vendarle los ojos, incluso le habían atado a una silla, pero no le habían puesto ninguna cinta para que no pudiese pedir ayuda.


«¿Para qué me habrán secuestrado?» pensó. Pero enseguida pudo comprender que todo tendría que ver con la dichosa carta.


Perdía los nervios por momentos, no hacía más que removerse sobre la silla, intentando zafarse de aquellas ataduras y salir corriendo, pero todo intento era inútil. Solo le quedaba esperar a que algo sucediera.


Estuvo un buen rato más así, hasta que alguien decidió quitarle la venda de los ojos. Rayner los abrió lentamente para poner cara, al fin, a sus captores. Tres hombres, uno de ellos se mantenía más alejado, como dando a entender que era el cabecilla.


—¿Te encuentras bien? —Dijo uno de los tres hombres que se encontraban en la sala. Era el más joven del grupo. Le llamó la atención que todos iban vestidos de la misma forma, como si de un uniforme se tratase. También le llamó la atención el color del cabello del que se había dirigido a él para preguntarle por su estado. Era de un tono azul muy clarito. Azul como el cielo en un día soleado y sin rastros de nubes.
Los tres le miraban fijamente y se alcanzaba a ver en sus rostros un hilo de preocupación.


—¡Y a vosotros que más os da como me encuentre!—Estalló Rayner. Sus ojos reflejaban una ira que estaba a punto de salir completamente hacia el exterior de su cuerpo, convertida en malas palabras y ganas de lanzar puñetazos.


—Monroe, cuéntale al muchacho por qué está aquí.—Dijo el hombre que se encontraba más alejado.


—Vaya hombre… Qué mal carácter. —Soltó el del pelo azul.


—¡Cuando os ponga la mano encima no os va a reconocer ni vuestra madre, capullos!—Dijo Rayner que no paraba de moverse con violencia sobre la silla, intentando liberarse.


—¿A quién llamas capullo? Ven aquí niñato...— Dijo el único que no había hablado todavía. A diferencia del chico más joven de pelo azul, éste tenía el pelo oscuro y poblado de canas.


El hombre rodeó, con sus grandes manos. el cuello de Rayner. Apretó con todas sus fuerzas. Sus ojos negros relampagueaban. Estaba dispuesto a seguir apretando el cuello de su víctima hasta que ésta perdiese el conocimiento pero notó cómo le agarraban para detenerlo.
 
—Señor Monroe, ¿Se ha vuelto loco? —Le dijo el muchacho de pelo azul. Su voz sonaba temblorosa, puesto que estaba desafiando a un superior.


—¡Suéltame, Estévez! Así aprenderá algo de modales…—Dijo Monroe soltando el cuello de Rayner para empujar al del pelo azul. Rayner empezó a toser.

«Modales dice, pero tendrá cara el tio…» Pensó Rayner, indignado.



Estuvieron un par de minutos forcejeando ante la atenta mirada de Rayner que no se había atrevido a abrir la boca después de que le intentara estrangular aquel chiflado de pelo canoso.


—¡Ya basta los dos!—Gritó el hombre que se mantenía alejado. —¿No os da vergüenza? Le deberías de estar explicando al muchacho que es lo que ocurre en vez de estar haciendo el imbécil.


—Pero señor Rodríguez...— Dijo Estévez, intentando excusarse pero no le dejaron terminar.


—Nos ha llamado capullos—Dijo Monroe. Estaba bastante irritado por el comentario de Rayner.


—¿Y eso es excusa para perder los nervios de ese modo? Esperaba que tuvieras un poco más de sentido común. No eres persona de impulsos.— Dijo Rodríguez, exasperado.


—No te creas tanto, aquí no mandas tú…


—¿Alguien puede explicarme de una vez que narices pasa aquí?—Soltó Rayner, carraspeando para aclararse la voz.
Los tres hombres se giraron para clavar sus miradas en él. Rayner se arrepintió enseguida de haber vuelto a abrir la boca. Ahora se cebarían con él.


Hubo un largo silencio.


—Será mejor que le expliquemos de una vez que pasa….—dijo Estévez, rompiendo el silencio.


—Mira chico… —Comenzó a relatar Monroe.— Te hemos traído aquí porque nos lo han ordenado. Somos una organización que guarda las líneas temporales de todos y cada uno de los seres humanos que hay sobre el planeta y bueno, ultimamente ha habido problemas de seguridad….


—Date vida, por favor. Necesito ir al baño y quiero que me desatéis de una vez. Sois un poco insensibles—Interrumpió Rayner. Estaba comenzando a perder la paciencia.


—¡Te juro que lo mato!—dijo Monroe con un alarido intentando volver a agarrar a Rayner del cuello.
No sabía por qué le molestaba tanto el comportamiento de aquel individuo que le hacía perder los nervios de ese modo. Quizá su arrogancia.


—¡Monroe contrólate, joder!—Soltó Rodríguez mientras le agarraba de los brazos para que no tocara a Rayner de nuevo.


Rayner estalló en carcajadas. No entendía como podía sacar de quicio a aquel hombre canoso cada vez que abría la boca. Eso le producía una gran excitación. Como si se sintiese vivo por primera vez en mucho tiempo. Le encantaba desafiar a la gente.


—Haz que deje de reírse o…


—Ve a que te dé el aire un rato, Monroe. Ya nos ocupamos Estévez y yo.


Monroe hizo caso a su compañero y, a duras penas, se marchó de la sala. Deseaba darle un buen escarmiento a aquel muchacho engreído, pero, por desgracia para él, necesitaban a aquel tipo. Y el Director le sancionaria si ponía en peligro la misión.


El ambiente de la sala comenzaba a relajarse un poco gracias a la marcha de Monroe. Rodríguez continuó relatando  por qué se encontraba allí, en la orden.
»Hemos tenido problemas con la seguridad y se han llevado información acerca de tu línea temporal, O’connell. No solemos hacer esto ya que nadie debe enterarse de nuestra existencia pero necesitamos tu ayuda. Hay cosas de tu vida que no sabes y que parece ser que no se han molestado en explicarte. Tampoco creo que necesites saber mucho más. Espero que puedas confiar en nosotros y. que por tu bien, colabores. «


—Osea, me enviáis una carta exigiendo y prácticamente amenazando para que vaya a no se donde. Me habéis pegado, secuestrado, intentado estrangular y ahora…¿Ahora me sueltas que confie en vosotros? y lo que me parece más increíble...hablar de cosas sin sentido. —Dijo Rayner.


Estaba atónito. No podía dar crédito a lo que estaba oyendo. «¿Cómo narices iba a confiar yo en esta gente?» Pensó. El corazón iba a estallarle en el pecho.
El joven de pelo azul se acercó a él y le desató con cuidado, tenía marcas en las muñecas del roce de la cuerda al haberse movido tan brusco en un intento por escapar.


—Se que es difícil pero ve a hablar con el director, quizá él te ayude a considerar la idea. Estévez te llevará hasta su despacho. No eres el único al que hemos tenido que traer aquí para la misma misión.—Hizo una pausa de unos segundos y continuó— Pero si eres el único al que hemos tenido que traer por la fuerza.— Le dijo Rodríguez mirando como Rayner se frotaba las marcas de sus muñecas.


— Está bien….—Aceptó Rayner.


Estévez abandonó la sala y Rayner tras él.


Los dos caminaron por un enorme pasillo sin ventanas. bastante oscuro. Subieron por unas escaleras hasta llegar a otro pasillo con enormes ventanales.


—¿Por qué tienes el pelo azul?—Dijo Rayner con curiosidad.


—¿Y por qué no?


Estévez no se había girado para mirarlo, simplemente se concentraba en guiarle hasta el despacho del director. «A ver si llegamos ya al despacho del director. Pero…¿director? ¿Acaso es una escuela o algo parecido?»Pensó Rayner.


—Tengo que ir al baño.


—¿Iba en serio?—Soltó Estévez mirándole de soslayo.—Luego, cuando te instalen en un cuarto.


Rayner suspiró. Estaba cansado y encima aquel hombre de pelo azul daba por hecho que iba quedarse allí mucho más tiempo.


Por fin llegaron a la puerta del despacho. Estévez llamó despacio y. en cuanto se abrió la puerta, éste empujó a Rayner hacia el interior. Allí se encontró con un hombre bastante mayor.


—Por fin está aquí, señor O'connell. Le hemos estado esperando. —Dijo el director, mientras le hacía un gesto para que se sentara en una de las sillas que se encontraba frente a su escritorio.—Espero que le hayan explicado por qué está aquí.


—Si, mas o menos… pero no entiendo qué pinto yo aquí.


—Quiero que haga una misión junto a otro muchacho, ya que os incumbe a ambos.


—¿En qué consiste? ¿Y quién es el otro?—Dijo Rayner, las palabras le brotaban de su garganta con suma rapidez y sentía que no podría parar de preguntar. Se contuvo.


—Relájese, señor O’connell. El otro sujeto está en la sala de al lado. Llevamos esperándolo muchas horas y el muchacho se aburría. Así que le hice pasar a mi sala de lectura. Está aún más llena de libros que ésta. Enseguida le hago pasar pero antes debe decir si acepta la misión.


—Le acabo de preguntar en qué consiste, ¿no? , eso es que me interesa.—Dijo mientras clavaba sus ojos en la pila de papeles que el director tenía sobre la mesa.—Aunque piense que estan todos locos.


El director sonrió amigablemente.


—Tienen que averiguar quién ha robado la información acerca de su línea temporal. Nos tiene que informar de todo y, por ahora, es mejor que no sepa nada más.


—Otra vez la dichosa línea temporal. ¿Qué coño es eso?


—O’connell, no sea mal hablado.—Le regañó— Una línea temporal es lo que su nombre bien indica, Una línea en el tiempo. La línea de su vida. Y está en peligro porque alguien ha robado información, posiblemente de su pasado, y no sabemos con qué propósito.


—Y ahora me va a decir que se puede viajar en el tiempo y que por eso hay que proteger mi línea temporal.—Soltó Rayner, su voz tenía tintes sarcásticos.


—La verdad es que yo no lo habría dicho mejor.— Dijo el director mientras colocaba algunos papeles. Hizo un gesto sin que Rayner se percatara para que entrase otra persona en el despacho.


—Lo que yo decía, todos locos... La verdad es que ha sido muy interesante y una buena cámara oculta pero ya está bien. Me largo.


Rayner se levantó y mirando hacia el suelo se encaminó hacia la puerta. Estaba harto de todo, solo quería llegar a casa, darse un baño y dormir. Ni siquiera sabía cuánto había estado inconsciente. Solo sabia que ya era de dia y que no sabía donde se encontraba.
No se había percatado de la presencia de alguien mas en la sala, que se encontraba justo en la puerta, obstaculizando la salida. Chocó contra esa persona. Se le desencajó el rostro al ver de quien se trataba. El pecho se le oprimió tanto como para no poder respirar.


El otro no se movió, simplemente le dedicó una sonrisa y dijo:


—Hola, Rayner. Ha pasado mucho tiempo.


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