Sospechas
Rayner
Estuve toda la mañana dando vueltas por la casa, pensando cómo iba a hacer para salir sin que nadie sospechara. Ellos mientras habían estado todo el rato deliberando teorías y descartando gente como posibles sospechosos. Yo sabía que todo eso era inútil porque sospechaba quien era el que estaba detrás de todo. Mi vida se había desmoronado en apenas una semana. Me sentía agobiado, habían puesto mucho peso sobre mi espalda y no sabía si estaría a la altura de cumplir con las expectativas. Me dirigí a mi habitación y estuve rebuscando en los cajones una pequeña navaja que tenía. Si iba a ir solo, que menos que ir armado, por si acaso… No tenía ganas de que me volvieran a agredir de ese modo. Aunque si no lo veía venir de nada serviría que llevase una navaja.
Tenía que preparar un buen plan para que no se dieran cuenta de nada y no me quedaba mucho tiempo. Se estaba acercando la hora. La verdad es que no se me daba muy bien urdir planes elaborados ni nada por el estilo, era más de tirar de la improvisación. La voz de Julen me sacó de mis pensamientos.
―Creo que tienes razón, Rayner. Vamos a tener que ir a hablar con los padres de Joel. Todos hemos llegado a la misma conclusión. Ellos tienen que saber algo.
Enseguida se me ocurrió lo que iba a hacer para escabullirme y le dije:―Necesito salir a dar un paseo... solo.
Julen me lanzó una mirada confusa, luego me agarró la mano en señal de comprensión y se reunió con Gara y Estévez que seguían hablando de teorías y conspiraciones. Había sido muy fácil. La verdad es que la situación de tensión de la noche anterior me había ayudado. Julen habría creído que necesitaba estar solo y pensar. En realidad no me venía nada mal pensar en lo que iba a hacer con lo nuestro, pero ese día mi mente estaba ocupada con algo más.
Gara
No me enteré de que Rayner se había ido hasta que le empecé a buscar por la casa y Julen me paró y me lo dijo. La única explicación que nos había dado era que necesitaba estar solo. Conocía a Rayner lo suficiente como para saber que si necesitaba estar solo no siempre significaba que le sucediese algo grave. No quise darle importancia y continué a lo mío.
Estévez me caía cada vez mejor, era una persona bastante simpática y comprensiva. Nos estaba ayudando con las teorías y nos daba ideas de lo que podíamos estar buscando. Me sentía muy a gusto teniéndole por allí. Así no tendría la sensación de estar siempre fuera de lugar. En cuanto vi a Julen el día que me desperté en la cama de Rayner, supe quien era. Le reconocí aunque se hubiese cambiado de color el pelo. Le había visto anteriormente en las fotografías que tenía Rayner guardadas. Casi todas las tenía junto con las demás. Él me había dicho muchas veces que había alguien de su pasado que no podía sacarse de la cabeza. Al principio me imaginé que era su amigo, el que se suicidó delante suya. Joel. Pero luego comprendí que estaba hablando de Julen. Esa forma de mirarse… Además les había pillado durmiendo abrazados y en más de una ocasión a punto de besarse. Porque si no me había engañado la vista, todo indicaba eso. Y todo parecía estar relacionado, lo de Julen, lo de Joel…
¿Qué había pasado cuando eran adolescentes? Había cosas que Rayner no me había contado, no creo que fuese por falta de confianza, quizá le dolía tanto que no había sido capaz de compartirlo con nadie. Cada vez que miraba las fotografías de Joel se le veía con la mirada perdida. Solo con ver su rostro se podía intuir el dolor y la culpa que sentía. Eso era lo que transmitía él mirando una simple fotografía. No quería imaginar lo que de verdad tenía por dentro.
Aproveché que no estaba Rayner y que Julen estaba distraído con Estévez y me dirigí a la habitación. Estaba buscando una fotografía que recordaba haber visto en alguno de los cajones de la mesita de noche. Cuando lo abrí y miré dentro, allí estaba. No se había molestado en cambiarla de sitio. En la fotografía salía Rayner abrazado a Julen, ambos sonreían y miraban a la cámara. Era tan evidente que algo pasaba entre ellos… Cuando iba a dejarla en su sitio, me encontré un sobre que ponía "Familia O'connell". Dejé la foto y lo agarré para examinarlo. Estaba sin abrir... ¿por qué?. Quería enseñarle aquello a Rayner pero a nadie le sentaría bien que rebuscaran en sus cosas. Así que lo volví a meter en su sitio y regresé al salón.
Rayner
Enseguida estaba en Plaza de España junto a la fuente de la última vez cuando quedamos con Daniel. Llegué antes de la hora para poder poner en orden mis ideas y me senté. No sabía si estaba actuando bien a espaldas de los demás, pero tampoco teníamos muchas más opciones.
No sabría decir cómo pasó, pero me volvieron a pillar desprevenido. Alguien se había sentado totalmente pegado a mí. Estaba en una posición como tapando lo que me había puesto en el costado derecho. Esperaba que no fuese ninguna pistola.
―No te muevas o aprieto el gatillo y nadie se daría cuenta de tu muerte hasta que no estuvieses en el suelo.―Me dijo en el oído con una voz siniestra. Reconocía perfectamente esa voz…
―Qué quieres.―Le dije secamente. Al final sí que tenía un arma, se había atrevido a llevarla a un parque y sin que nadie se percatara, apuntarme con ella. Me estaban comenzando a sudar las manos y estaba entrando en un estado de incertidumbre.
―Supongo que ya me habrás reconocido. Quiero avisarte de que voy a arreglar lo que provocaste y que nuestros queridos padres no hicieron. Fueron unos cobardes.
―¿Qué…? ¿De qué hablas?―Cada vez estaba más nervioso y más confundido.
―Oh… ¿no lo sabes? Pobrecito...―Hizo una pausa para reírse sarcásticamente―No sabes cuánto he deseado encontrarme de nuevo contigo y hacértelo pagar. Ándate con ojo, Rayner, porque voy a ir a por todo aquel que aprecies. Tú me arrebataste algo que yo quería, creo que va siendo hora que sientas aunque sea una mínima parte de lo que sentí yo.
―Yo no te arrebaté nada y lo sabes perfectamente. Y como te atrevas a acercarte a alguien que aprecie te juro que...―Me callé al instante cuando me clavó más la pistola en el costado.
―No estás en disposición de exigir nada. A por quién voy a ir primero es a por tu querido Julen… ―Dijo sonriendo siniestramente y sentí como una inmensa sensación de ahogo recorría mi pecho, apreté los puños―Oh, si. Ya he visto que os habéis vuelto a encontrar. Qué tiernos...
―No pienso permitir que toques a Julen, ¿te enteras? Ni a él ni a nadie.―Me había costado muchísimo decir aquello sin que me temblase la voz.
― No merece la pena que arriesgues tu vida por alguien que te oculta cosas…
―¿Qué dices? Él no me ha ocultado nada.―Dije, intentando que mi voz no sonase dubitativa. ¿En realidad estaba seguro de eso?
―Yo se su pequeño secreto―Me confesó al oído. Su voz era cada vez más escalofriante.―Y también tengo cosas pendientes que saldar con él.
Me quedé callado. En el fondo sí que sospechaba que Julen me estaba ocultando algo, y había tenido esa sensación desde que nos conocimos. Tenía que hablar con él para que no tuviesen nada con lo que amenazarnos. En un descuido me agarró fuerte del pelo y tiró de él.
―Hay cosas que no sabes, tanto de tus padres como de Julen. Nos volveremos a ver, Rayner...―Me dijo antes de salir corriendo. Y me quedé allí sentado al lado de la fuente.
Puse los codos sobre mis rodillas y apoyé la cabeza en mis manos. ¿Cómo puede guardar tanto odio una persona? Y por qué no había aparecido antes. Por qué ahora. Sentía que me daba vueltas la cabeza. Necesitaba pensar que iba a hacer con todo lo que había ocurrido. Si lo iba a mantener en secreto o no. Yo pensaba que hasta ahora esto no era tan importante. ¡Pero joder, me había apuntado con una maldita pistola! Esto ya no era un simple rompecabezas. Estaba en juego la vida de gente a la que quería. Ya me advirtieron que podía ponerse peligroso y no les creí…
Regresé a casa y por suerte Gara y Estévez estaban entretenidos viendo una película y comiendo palomitas. Parecían tan a gusto… Lo único que había sacado en claro de lo que me había pasado había sido que quería a Julen otra vez en mi vida. No solo como amigo, pero no estaba dispuesto a dejar que me siguiera ocultando cosas.
Les saludé y me encaminé hacia mi habitación. Julen estaba jugando con el ordenador. Los tres habían pasado una tarde de lo más agradable mientras yo me la jugaba para que ellos estuviesen a salvo. No creo que se tomaran nada bien aquello si decidía contarlo.
―Julen―Le llamé mientras me sentaba en la cama y le observaba desde allí.
―Dime―Me dijo mirándome de soslayo. ―Te noto cansado. ¿Estás bien?
―No me ocultas nada, ¿No?
―Claro que no,¿Qué te iba a ocultar? Ya te he contado todo lo que he hecho en estos años que no nos hemos visto. No se…
No le dejé terminar y me abalancé sobre él para levantarlo de la silla. Le agarré la cara y le dediqué una sonrisa y justo después le rodee con mis brazos. Necesitaba ese abrazo. Lo necesitaba tanto…había sido una tarde muy dura. Él me rodeó la cintura y me dejó que posara mi cabeza entre su cuello y su hombro. Poco a poco me fui dejando caer hasta quedar arrodillado junto a la cama y noté como mis ojos se inundaban de lágrimas. Enseguida me las enjuagué. Me prometí que no iba a llorar con tanta facilidad y menos delante de Julen. No podía soportar más como la angustia me oprimía el pecho. Julen se sentó en la cama, me arrimó hasta él y me quedé allí, con mi frente apoyada en su rodilla. Notando como me acariciaba el pelo. Impotencia, incertidumbre, rabia… Una de las peores cosas que podían hacer era amenazar con hacer daño a los míos.
―Julen―Dije mientras me levantaba. ―Ya se quien está detrás de todo esto.
―¿Cómo dices…?―Me miró abriendo mucho los ojos.
―Por el momento solo te diré que hay que ir a hablar con los padres de Joel mañana mismo.
―Pero…
―Es mejor así, confía en mí como yo confío en ti.―Le dije mientras salía de la habitación.
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