miércoles, 17 de junio de 2015

Capítulo 11


Algo inesperado


Cuando Rayner regresó se encontró a Gara colocando la cocina. Empezó a buscar a Julen con la mirada pero no se encontraba en esa parte de la casa. Ella se dio cuenta y le fulminó con la mirada.

―Le buscas, ¿verdad?

―Tengo que disculparme...―Dijo mientras se sentaba en una de las butacas que daban a la encimera.

―Está en tu cuarto. No ha salido de allí desde que te marchaste. Se tumbó en la cama y ahí sigue. No he querido molestarle.―Dijo Gara mientras se secaba las manos con un trapo.

―¿Tan fuerte le he empujado?―Rayner no podía sentirse más culpable a la vez que Gara iba relatando lo que en realidad ocurrió.

―Menos mal que solo se hizo daño en la pierna y no en la cabeza. Te has pasado tres pueblos con él. ―Dijo ella mientras cogía su bolso y se aproximaba a la puerta.― ¿A qué vino eso? ¿Tuvo que ver con lo raros que estabais en la biblioteca? O mira, mejor...no me lo cuentes. Me voy a casa.

Gara se marchó justo después de soltarle aquello. Se merecía que fuese tan dura con él. Rayner se quedó sentado en la misma posición, meditando sobre lo que le iba a decir Julen para excusarse. Cuando se armó de valor, se dirigió al dormitorio. Su corazón se aceleraba por momentos…«¿Y si no quiere escucharme?» Pensó mientras se asomaba. Le vió allí, tumbado de espaldas a la puerta, encogido. Rayner se quitó de la cabeza la idea de hablar con él. Entró y se sentó justo al otro lado de la cama. Julen abrió los ojos y notó la presencia de Rayner. No quiso girarse para mirarle. Se sentía humillado. Aun se preguntaba cómo se había atrevido a tratarle así. No estaba dispuesto a hablar con él. Y no hicieron falta palabras. Rayner simplemente agarró la manta que tenía a los pies de la cama y se la echó por encima, acto seguido se acercó a Julen para abrazarle y de paso, pasarle por encima la manta a él también. Rayner le abrazaba con intensa dulzura. Le acarició el cuello y después se aferró a su mano. Julen se lo pensó antes de responder al gesto. Se quedaron así toda la noche.

Gara llegó temprano y Estévez la acompañaba. Ambos se dispusieron a desayunar en la cocina.

―¿Y dices que sueles hacer esto muy a menudo?―le dijo Estévez. Aún se mostraba reacio a invadir la intimidad de Rayner de ese modo.

―Si. No suele llegar a fin de mes y a la que le traigo algo de mi casa de paso desayuno. Sabes...me preocupa.

―¿Rayner? ―Dijo Estevez alzando las cejas. Ella asintió.

―Ayer descubrimos algo que hizo que se alterase demasiado. Agarró a Julen con muchísima violencia, amenazándole, luego le empujó y casi se mata.

―Espero que Arnaiz se encuentre bien. Por cierto ¿como me has dicho que te llamabas?

―Gara Ojeda. Tienes poca memoria ¿eh? Ven, a ver si están dentro―Dijo ella, y nada más terminar la frase los dos se encaminaron hacia el dormitorio. Cuando llegaron pudieron ver a ambos chicos agarrados, durmiendo plácidamente. ―Ey, venga. que está aquí el tío este de pelo azul.

Estévez le echó una mirada furiosa.

―Joder, tía. ¿Qué hora es?― Dijo Rayner mientras se separaba un poco de Julen y se frotaba los ojos.

―Te dije que le quitaras la llave.―Le reprochó Julen, desperezándose y levantándose de la cama.

―Parece que al final no van a hacer falta dos camas―Sentenció Estévez. Rayner le miró alzando una ceja pero Julen se había levantado de mal humor y agarró una zapatilla que no dudó en estampar contra la cara de Estévez. El otro se marchó del cuarto, soltando alaridos de dolor entre algún que otro insulto. Gara y Rayner se miraban sonriendo.

Se reunieron en el salón y fue Rayner quien comenzó a relatar la información sobre la pista que tenían y cómo habían llegado a la conclusión. Julen estaba situado al lado de Estévez. A pesar de haber dormido juntos aún se notaba la tensión entre ellos.

―Entonces… ¿qué pinta el cumpleaños de Arnaiz en todo esto? ¿Y como es que ella lo sabe todo? ―Dijo, señalando a Gara.

―Ese día noté como alguien me seguía. No quise darle mucha importancia pero recuerdo exactamente esa sensación que me ha perseguido todo este tiempo. Quizá tenga algo que ver. Y respecto a Gara, sin ella no habríamos llegado a esta pista, por eso quería que vinieras tú en vez de Monroe. Por ahora es mejor que la orden no sepa nada.

―Me pides algo bastante comprometido, O’connel, no se si...―cambió de idea al ver la cara de Rayner.―Está bien. Por ahora esto no va a salir de aquí, pero que sepas que no les va a hacer ninguna gracia cuando se enteren. Por que se enterarán.

Comieron juntos y estuvieron repasando la lista de todas las personas de las fotografías. Estévez se marchó enseguida después de repasar dos o tres fotografías. Gara se quedó separando los rubios y descartando a todos los demás. Rayner se fue a la cocina y Julen le siguió.

―Oye, ¿has pensado que esto tiene que ver con Joel?

―Claro que lo he pensado. No me lo puedo quitar de la cabeza. Ese día tenía que haber estado con él y no contigo. ―Dijo Rayner, echándoselo en cara.

―Estabas donde querías estar, Rayner. No lo digas como si fuese culpa mía―Le advirtió Julen.

Rayner se llevó las manos detrás de la nuca, entrelazadas, y suspiró. Julen sacó un cigarro del paquete que llevaba en el bolsillo y se lo encendió.

―No se que vamos a hacer ahora, no tenemos más que una pista, una simple fecha. ―Estuvo en silencio un buen rato hasta que le vino algo a la cabeza y lo soltó―¿Y si fueron tus amigos? Deberíamos ir a verles.

―No se nada de ellos. Bueno...de uno si.―Le dijo Julen mientras se asomaba a la ventana.

Ambos estaban dubitativos pero finalmente, después de que Julen terminara de fumar, decidieron compartir con Gara lo que habían estado hablando. Ella se tomó un momento antes de hablar, observando a uno y a otro como si estuviese en un partido de tenis.

―¿Y como vais a contactar con ellos?

―Aún mantengo el contacto con uno de ellos. No tenemos una relación lo que se dice de amigos pero bueno. Podríamos quedar con él a ver qué nos dice. Cuando conocí a Rayner me alejé un poco de ellos, pero seguíamos quedando. Y después de lo de Joel no volví a verles.

Julen enseguida concretó una cita con su amigo del instituto. Habían tenido suerte y había accedido a hablar con ellos esa misma tarde en Plaza de España. Cuando llegaron, Julen enseguida pudo identificar con facilidad al chico con el que habían quedado. Bajaron unas escaleras que daban a una fuente. El chico se encontraba sentado en el borde de ésta, a la altura de una de las estatuas. Era como una especie de balda de piedra bastante ancha como para estar cómodo. Julen se sentó relativamente cerca de su compañero pero Rayner y Gara se mantuvieron de pie.  

―¿A qué ha venido tu llamada, Julen?―dijo el chico, Ni siquiera se saludaron.― ¿Por qué quieres hablar de una cosa que pasó hace tanto tiempo…?

―No me preguntes, Daniel. Solo quiero saber si recuerdas algo de lo que pasó el día de mi cumpleaños.

―Esperas que me acuerde de algo que pasó hace como siete u ocho años, cuando no recuerdo ni lo que cené ayer…

―Inténtalo. ―Le suplicó Julen.

El otro se lo pensó un momento pero comenzó a narrarles, no sin esfuerzo, todo lo que recordaba,
»Se supone que esto no lo deberías de haber sabido nunca, pero a la mierda... Recuerdo que estábamos en esta misma plaza y que tu habías quedado con alguien. No quisiste decirnos con quién y eso nos cabreó muchísimo. Cuando te fuiste, aparecieron dos chicos rubios preguntando por ti, uno de ellos era aquel que se suicidó a los pocos días. No teníamos ganas de cubrirte, así que simplemente les indicamos por donde tenían que ir para alcanzarte. Te juro que no recuerdo nada más.«

―Espera…¿Dijiste que eran dos?―Dijo Rayner, dando en el hombro a Daniel para que le prestara atención.

―Y los dos rubios...―Añadió Julen

―Pero uno de ellos era Joel. ¿No?―Dijo Gara mirando a todos los presentes.

―No recuerdo ningún nombre pero si que recuerdo que fueran los dos rubios ¿Y qué?―Dijo Daniel, parpadeando con rapidez. No pensaba que esa pequeña información iba a tener tanta relevancia para ellos.

Los tres se miraron con los ojos muy abiertos. Rayner echó a correr y Gara le imitó. Julen le dio las gracias y también echó a correr tras ellos.

―Vaya panda de locos se han ido a juntar...―Dijo aquel chico, que seguía sentado en la balda de piedra, observando cómo se alejaban aquellos que le habían hecho un interrogatorio de lo más extraño.


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