lunes, 15 de junio de 2015

Capítulo 8


Búsqueda




Estuvieron más de una hora dando vueltas sin encontrar la calle exacta donde se encontraba la cafetería y Rayner comenzaba a perder la paciencia. No era muy amigo de las esperas. Si quería algo, lo quería en ese mismo instante. Sin embargo Julen era todo lo contrario. Era más tranquilo y se tomaba la vida de otro modo. Gara sí solía perder la paciencia bastante rápido pero actuaba con calma.


Cuando por fin vieron el letrero que indicaba el nombre del sitio, se tomaron unos minutos antes de entrar. No querían llamar mucho la atención. Se quedaron mirando la fachada de la cafetería que era de color negro y marrón chocolate. Era la típica fachada que te encuentras en la plaza Mayor de Madrid. Bastante discreta y acogedora. Fuera tenía puestas unas cuantas mesas donde la mayoría de los que estaban sentados eran jóvenes, en grupos pequeños de amigos. También había alguna que otra persona solitaria leyendo un libro, mientras mantenía al lado un café en el que podías ver como echaba humo de lo caliente que estaba. Era Junio, hacía una temperatura agradable...y todavía había gente que mantenía la costumbre de tomarse un café hirviendo. Era la típica cafetería donde te podías encontrar tres o cuatro personas solitarias escribiendo. La tranquilidad que transmitía era, sin duda, uno de los mejores lugares de inspiración para escritores. Simplemente era Madrid.


Cuando por fin entraron, alcanzaron a ver que por dentro era igual de hermosa que por fuera. Todo en tonos suaves. Blancos y Beige. Por fuera tenía antigüedad y por dentro tenía modernidad y buen gusto. Mientras se dirigían hacia el mostrador, observaron en el lado derecho un par de ordenadores bastante actuales. Rayner se quedó un poco rezagado, Gara y Julen seguían su camino sin percatarse que su amigo no les seguía.
Mientras los otros intentaban conseguir información, Rayner se quedaba embelesado mirando todo lo que le rodeaba. Nunca había sido de ir a cafeterías de ese estilo pero le estaba encantando el ambiente. El choque contra otro chico hizo que volviera a la realidad.


―¡Perdón!―Dijo el chico sin mirar a Rayner. Apenas le había visto la cara. Solo alcanzó a ver como éste tiraba un teléfono a una de las basuras que había fuera. Mientras sus amigos seguían hablando con la chica que estaba detrás de la barra, él pisó un trozo de plástico al dirigirse hacia la salida.


―Oh. ¿Esto no será…?―Dijo mientras revisaba el objeto que acababa de recoger del suelo. Hizo un gesto con la mano para que Julen y Gara se acercaran.


Cuando llegaron hasta él, los tres salieron de la cafetería. Rayner les enseñó el teléfono que acababan de tirar en la basura.

―Yo no meto la mano ahí ni loca.―Dijo Gara, mientras miraba a Julen justo a la misma vez que lo hacía Rayner.


―¿En serio? Joder...―Dijo éste, mientras introducía la mano en la basura y lo sacaba.

Justo después los tres se encaminaron hasta la casa de Rayner. Hicieron todo el trayecto de vuelta en silencio. Cada uno se guardaba las palabras para cuando llegasen.


En cuanto entraron por la puerta, enseguida se acomodaron en el sofá con unas bebidas y las fotos desparramadas en la pequeña mesa que tenía Rayner junto a los sofás.


―¿Qué habéis averiguado vosotros?―Dijo éste, mirando a Julen que se había colocado justo al lado.


―Pues, insistiendo un poco, la chica nos ha dicho que hay un tipo de unos veinte años más o menos, rubio, que suele frecuentar el local y escribir en uno de los ordenadores que tienen. No es mucho pero no tenemos nada mejor. No ha querido darnos su nombre. ―Relató Gara. Esto hizo que Rayner desviase la mirada y la fijase en la mesa repleta de fotografías.


―Yo si tengo algo―Dijo. Los otros dos le miraron perplejos.


―Pero si tu no has hecho nada más que mirar la decoración del local y hacer que sacase un teléfono de la basura―Soltó Julen, dándole un codazo amistoso.


Rayner sacó el objeto que se había encontrado en el suelo y se lo enseñó a ambos. Gara se lo arrebató de las manos para observar de cerca.


―Esto es el carnet de la biblioteca. ¿De dónde lo has sacado?―Dijo Gara, apuntando los datos que había en el carnet.


―Me lo encontré en el suelo. creo que se le cayó al chico con el que me choqué. Creo que es el que buscamos.


―¿En qué te basas?―Soltó Julen mientras alzaba las cejas y le dedicaba una sonrisa a Rayner.


―En que no le vi la cara pero sí me fijé que era rubio. Es lo único que tenemos, eso y el dichoso teléfono.


Los tres estuvieron un rato en silencio. Estuvieron un rato investigando todo lo que tenía aquel trasto pero no habían encontrado absolutamente nada. Solo estaba el mensaje que le había llegado a Rayner. Ni fotos, ni agenda ni nada. Solo ese sms y su número. No tenía ni tarjeta SIM.. Por suerte se lo habían encontrado encendido. Era el tipo de móviles que no te hacía falta una de esas tarjetas para echarles un vistazo. Ninguno quitaba la vista de las fotografías que se encontraban por la mesa. Gara fue la primera en levantarse y acercarles un bolígrafo a cada uno para que escribieran los nombres de los que faltaban.


―Joder, ¿tenemos que ponerles los nombres a todos estos?―Dijo Julen, estirándose y bostezando.


―Pues claro, vosotros os conocéis desde hace más tiempo y seguro que conoces a casi toda la gente esta. Yo hice mi parte así que me marcho a casa. Mañana me contáis. ―Dijo Gara mientras procuraba no pisar muchas de las fotos que aún estaban desparramadas por el suelo, aparte de las muchas otras que había en la mesa. Cogió su bolso y se fue.


Después de que Gara se marchara, Julen y Rayner se quedaron solos, repasando una por una las fotografías, haciendo memoria y apuntando los nombres que lograban recordar.


―Buah, ¿te acuerdas de este? Se dedicaba a lanzar sillas por la ventana. Estaba loco. ―Dijo Julen mientras le pasaba la fotografía del chico a su compañero.


―Dios, si. ¿Y tú te acuerdas de esta? Se daba el lote por los pasillos con cada novio que se echaba. Hasta que maduró un poco y ya no se la volvió a ver restregando la lengua a ninguno. ―Dijo Rayner, soltando una carcajada.

―Yo casi me lío con ella una vez, desde entonces tengo pesadillas...―Se burló Julen.


―No fastidies, ¿en serio?―Miró al suelo y añadió―Yo también casi me lío con ella.


Ambos se miraron y comenzaron a reírse. Rayner no podía dejar de mirar a Julen. Su risa era tan contagiosa que no podía parar de reírse con él. Estaba resultando ser una velada de lo más agradable. Todo se acabó en un suspiro cuando Julen agarró la foto de un chico rubio de extrema delgadez, con la mandíbula cuadrada y ojos caídos, tristes. No salía solo en la foto, a su lado se ponía reconocer perfectamente a un Rayner más joven y sonriente que le pasaba el brazo por los hombros.


―¿Aún guardas esta foto?―Dijo Julen. La tiró con violencia sobre la mesa.


―¿Te molesta?―Dijo Rayner, acercándose a Julen despacio.


―No me molesta, Rayner, pero estábamos tan bien y… No creo que su recuerdo te produzca ningún beneficio.


Rayner dejó de acercarse a su amigo, se levantó y se fue a la cocina. ―Necesitamos un descanso…


El otro imitó sus movimientos y se encaminó a la cocina. Los dos se quedaron sin saber qué hacer después de aquel momento incómodo que habían experimentado. Rayner decidió servirse un chupito de vodka de caramelo y se lo bebió de un trago.


―¿Se puede saber qué haces? Beber no va a hacer que te olvides de él. ―Le dijo Julen mientras le quitaba la botella de la mano. Se acercaron y Rayner, sin querer, le echó el aliento. Era un olor entre dulce y empalagoso mezclado con un olor a colonia fresca.


―¿Y qué se supone que debo hacer, drogarme como desde aquel día en el que el muy cabrón decidió quitarse la vida delante de mí?―Dijo Rayner, abatido.― Él tenía razón, no se si podré perdonarle lo que hizo.


―¿Te drogabas?―Dijo Julen, mientras se acercaba más a Rayner. Éste asintió.

―Ahora solo son antidepresivos.

―¿Lo sabe Elena?―Dijo Julen, acercándose mas a él. El otro negó con la cabeza.


―Aun recuerdas su nombre―Dijo Rayner era incapaz de aguantarle la mirada.


―Me acuerdo de cómo nos preparaba la cena cuando me quedaba en tu casa a ayudarte con algún trabajo.―Hizo una pausa, le costaba seguir con aquella conversación pero continuó como pudo―Me acuerdo de tantas cosas que no se como he podido…


Se calló al instante. Agarró la cara de Rayner con las dos manos para que éste le mirase.


―Ahora estoy aquí. No necesitas nada de eso.―le susurró. Rayner se inclinó para que sus labios rozaran los de Julen, pero antes de que ocurriera, uno de los móviles sonó. Rayner soltó un taco por lo bajo y Julen se acercó a la encimera donde se encontraban los cuatro teléfonos. Agarró uno de ellos y se lo tiró a Rayner. Con unos reflejos increíbles, lo agarró antes de que se le estampara en la cara. Pulsó el botón para dar paso a la llamada y se lo llevó a la oreja.

―Soy Monroe ¿Habéis averiguado algo ya?―Sonó la pregunta al otro lado de la línea.


―Podrían habernos dado móviles mas modernos―Soltó Julen. El otro enseguida le hizo un gesto para que se callara.


―No, lo siento. Aunque estamos en ello.


―Pues daros un poco de vida. Nosotros no hemos visto nada alarmante en tu línea temporal. Estaremos en contacto.


―Será posible, me ha colgado.―Dijo Rayner un poco indignado.


―¿Qué pasa?―Le preguntó el otro.


―Era Monroe. Quería saber si hemos averiguado algo pero como le he dicho que no, me ha metido prisa y me ha colgado.


―¿Y no te ha lanzado ningún tipo de insulto ni te ha amenazado?―Dijo Julen con una sonrisa.

―Me ha dado un suspiro.―Sonrió para sí. Acto seguido le llegó un Whatsapp de Gara. Le mandaba una dirección y añadía una hora para que presentase con su compañero al día siguiente―Julen, mañana vamos a la biblioteca.


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