Recuerdos
Julen
Quedé con él y acabé presentándome en su casa. Por el camino iba pensando las palabras apropiadas, no sabia como decirle que había conocido alguien, que me estaba empezando a gustar y que quería confesarle mi amor pronto. No estaba saliendo con esa persona todavía y tampoco con él, solo nos habíamos dado un par de besos, nada serio, así que supuse que lo entendería. Cuando llegué, me abrió la puerta y le miré de arriba a abajo. Se encontraba muy desmejorado. Con unas ojeras bastante pronunciadas. Le seguí hasta su cuarto.
―¿Te encuentras bien?―Le dije mientras le tocaba el hombro. Se había sentado en la silla frente al escritorio.
―Tuve pesadillas hace días. Así que llevó...―Echó la cuenta mentalmente―Tres días sin dormir y tomando cosas energéticas o cafeína.
―Vas a acabar enfermando, deberías cuidarte más―Le dije mientras me apoyaba en su cama. Era bastante alta. Me llegaba casi a la altura de la cadera.
―Ya te he repetido mil veces que no eres mi madre, déjalo ya. Julen.
Suspiré, no sabía como empezar la conversación…
―Verás… quiero decirte algo.―Me froté las manos. No sabía por qué se me estaba haciendo tan duro decirle aquello. Pero era muy importante para mí.―He conocido a alguien. Tenemos mucha complicidad y a lo mejor...quien sabe. No creo que sea buena idea lo de seguir besándonos. Solo...solo quería que lo supieras.
―Perfecto, eres libre. No estamos saliendo y sabes que estoy enamorado de otra persona.―Se levantó regalándome una sonrisa pícara.―Me alegro por ti en serio. ¿Quién es?
―Se llama Rayner.
Vi como su semblante amable cambiaba radicalmente y los ojos le brillaban con un profundo odio.
―¿Qué has dicho?―Me levanté yo también y me acerqué a él. ¿Qué había hecho mal? Hace un momento se lo había tomado todo bastante bien. Estaba confuso.
―Que se llama Rayner, ¿Qué pasa? ―Cuando acabé de decir eso me agarró del brazo con bastante fuerza. Era una persona bastante delgada pero tenía más músculo que yo. Me hizo daño.
―No será moreno con ojos claros y va a nuestro instituto. ¿No?―Su voz sonaba llena de ira. Estaba comenzando a asustarme. Asentí.
―¡Maldita sea, joder!―Me soltó de golpe y empezó a tirar todo lo que tenía en su escritorio al suelo. Luego soltó una carcajada que hizo que me estremeciera.―No te hagas ilusiones. Él no es como nosotros.
Aquellas palabras me enfurecieron. Estaba claro que Rayner y yo teníamos conexión, química o como coño se llamase. Y que vale que era una posibilidad muy remota de que al final yo le gustase pero él no tenía ningún derecho para decidirlo.―Eso lo decidirá él, ¿no te parece?
Volvió a reírse de mí y me dieron ganas de golpearle con todas mis fuerzas. ¿Qué se había pensado?
―Llevo enamorado de él desde que le conocí. No habla más que de chicas. Ni siquiera se ha percatado de que le gusto… No seas tan crío. ―Soltó, sin piedad. ¿Solo pretendía hacerme daño o...abrirme los ojos?
―Quizá yo sí que le atraigo y tu no. Por eso no se ha dado cuenta de nada. Te verá como un amigo.
Aquellas palabras le hicieron perder la cabeza. Me agarró las manos y me las puso por encima de la cabeza, apoyadas en la pared donde me había lanzado con fuerza, me di un golpe en la frente contra ella que me hizo una pequeña brecha. Noté todo su cuerpo detrás mío, cada vez estaba más cerca.
―Claro, tu eres tan guapo que es imposible no querer acostarse contigo. ¿Verdad, Julen?―Me dijo al oído y empezó a lamer mi oreja. Notaba como el miedo me invadía. ¿Iba a ser capaz?
Me apartó de la pared y me tiró al suelo. Quedé boca arriba. El shock me había dejado fuera de combate y no era capaz de resistirme. Me agarraba con una mano y con la otra me desabrochaba el pantalón. No era capaz de gritar. Noté como me desvestía de la cintura para abajo. Tenía un profundo dolor en el pecho. Empecé a suspirar, nervioso. No podía creer lo que estaba viviendo. Por fin me salió la voz.
―Joel, para...para por favor―Le supliqué. Pero el no paraba. Se estaba desabrochando los pantalones. Las lágrimas me invadían los ojos, caían por mis mejillas y él ni siquiera podía mirarme a los ojos. ¿Por qué no me miraba? ¡Maldita sea, por qué no me miraba!
Aún era incapaz de moverme. Pánico. Pánico era lo único que podía sentir. ¿Por qué no podía moverme? El me empezó a tocar. Sentía como sus dedos buscaban todo mi cuerpo. Era la primera vez que alguien me tocaba así. No había estado con nadie de ese modo.
Rayner…
No podía parar de llorar ni de suplicarle que se detuviera. Él quería más. No se detuvo solo con manosearme entre las piernas. Sentí como me introducía los dedos y acto seguido…
Grité. Y ni siquiera así paró. Estaba poseído por la ira. Era culpa mía...No tenía que haberle provocado.
―Me duele...―Tras mis palabras sentí como paraba y me arreaba un bofetón.
―¡Cállate, joder! Deja de llorar y de suplicar.―Se estaba alterando todavía más. Cuando volvió a continuar pensé de nuevo en Rayner.
Eso me dió fuerzas y conseguí zafarme y liberar una de mis manos que usé para lanzarle un puñetazo con todas mis fuerzas. Le partí la nariz. No se lo esperaba y tiró de mi. Eso me trajo todavía más consecuencias. De la fuerza con la que había salido de mí me hizo mas daño del que ya me había hecho. Me incorporé y me quedé allí arrodillado, medio desnudo y con la dignidad hecha pedazos. ¿Como se había atrevido a tocarme? Él sabía lo importante que era para mi perder la virginidad con alguien a quien amase de verdad. Me sentía totalmente humillado. Todavía tenía el consuelo de que no pudo terminar lo que empezó. Al fin se dio cuenta de lo que estaba haciendo segundos antes y se llevó una de las manos a la cabeza. Con la otra se sujetaba la nariz que no paraba de sangrarle.
―Julen...Julen, lo siento...―Quiso acercarse a mi pero le eché una mirada intimidatoria.
―No vuelvas a dirigirme la palabra en tu vida. No quiero tus disculpas.―Mis palabras brotaban por mi garganta, hirientes. No me detuve, sabía lo que podía desencadenar pero no pude detenerme―Una vez me dijiste que habías pensado en suicidarte. Pues hazlo.
Me arrepentí enseguida de lo que había dicho. Incluso al llevarme la mano al interior del muslo y notar que algo me resbalaba por el. Me miré la mano y era un poco de sangre. Ni siquiera en ese estado de humillación podía desearle la muerte a nadie. Pero no se lo dije. Simplemente me levanté me puse la ropa como pude. y me largué de su casa.
Iba tambaleándose por toda la calle. Me apoyé en una pared y acabé vomitando. Juré que jamás lo contaría. Y aunque no quería desearle la muerte a nadie, tampoco desearía su felicidad.
Saqué mi móvil del bolsillo y lo observé unos instantes, quería llamar a Rayner. Quería decirle la clase de amigo que tenía pero no me sentí capaz...acabé llamando a Daniel.
―Ven a buscarme, por favor…
―¿Te encuentras bien? ¿Julen?―Escuché su voz. pero no tenía fuerzas para nada más. Se me estaba escurriendo el teléfono y se me nublaba la vista.
Me encontró sentado un poco más alejado del lugar donde había vomitado. Estaba sentado apoyado en la pared. Me levantó y me llevó hasta su coche. Ya tenía los 18 y tenía vehículo propio. Me subió a el como pudo y antes de arrancar me preguntó por lo sucedido.
―Me he metido en una pelea. Quiero que me hagáis un favor.―Daniel no me quitaba los ojos de encima, expectante.
―Hacedle la vida imposible a Joel Vázquez.―Dije mirando al frente. Me inundaba el odio y la rabia cuando dije esas palabras.―Sólo a él.
El otro asintió, me sonrió en señal de aprobación y arrancó el coche.
Joel
Me sentía como un monstruo. ¿Por qué había atacado a Julen de ese modo? Simplemente yo estorbaba en el mundo y este tipo de cosas me lo dejaban bastante claro. Lo único que tenía claro es que amaba a Rayner con toda mi alma pero ya no estaba seguro de no acabar haciéndole lo que le hice a Julen. Sus palabras… Se comportó de manera altiva. Insinuando que yo nunca podía despertar en Rayner nada más que amistad. Me hacía perder los nervios. Odiaba que la gente me menospreciara de ese modo. ¿Pero y si al final acababa haciéndole daño a Rayner o a Iraida?. No había podido mirar a Julen a los ojos mientras abusaba de él. Esperé, ralentice mis movimientos para que él me detuviera. Esperaba que me parase pero no lo hacía. ¿Por qué no me había parado antes? Antes de hacerle daño… nos habíamos utilizado mutuamente. Habíamos llenado nuestro vacío con la compañía del otro. El problema era yo. No me hacía feliz nada de lo que me rodeaba aunque lo tuviera todo. Ni siquiera me había dolido cuando me dijo que me suicidara. Pues claro que iba a suicidarme… Lo habíamos hablado alguna vez. Iba en serio. No quería estar vivo más tiempo. No quería que mi hermana se convirtiera en mí. Odiaba que se vistiera como yo y que se pareciese tanto a mi. Y tampoco quería que Rayner supiera realmente como era.
Para salvar la existencia de ambos tenía que condenar la mía.
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