Todo en contra
Gara
Vi llegar a Donovan y Rayner con Monroe en volandas. Me recorrió un escalofrío y salí enseguida de la furgoneta para ayudarles.
—¿Qué es lo que ha pasado?—Grité. Monroe estaba manchado de sangre y se encontraba muy pálido. Tenía unas ojeras bastante pronunciadas.
—Ahora no hay tiempo, Gara. Abre las puertas de atrás, ¡corre!—Me apresuró Donovan.
Julen abrió la puerta corredera de la furgoneta para ver mejor lo que estaba sucediendo. Hizo un gesto para salir pero Rayner le echó una mirada escalofriante que hizo que éste se pensara dos veces moverse de su asiento. Acoplamos a Monroe como pudimos detrás y Rayner se subió y se sentó a su lado para poder presionar la herida. Donovan y yo corrimos a nuestros asientos, cerramos de un portazo y salimos de allí.
Entramos en el aparcamiento de la orden a toda prisa y cuando bajamos de la furgoneta, Donovan lanzó un disparo al aire. Todo ocurría muy rápido. Unos entraban y otros salían.
Irene, junto a dos hombres más, trajo una camilla en la que pusieron a Monroe. Julen al salir de la furgoneta se mareó y se desplomó, quedó allí tirado hasta Rayner, con la ayuda de otro de los hombres, le recogió del suelo y se encaminaron hacia el edificio. Rodríguez se llevó a Iraida.
Esperamos fuera de la sala donde estaban atendiendo a Julen. Yo no sabía lo que había sucedido pero tampoco me atrevía a preguntar. Nos encontrábamos Donovan, Rayner y yo, hechos un manojo de nervios. Sus caras reflejan incertidumbre y tristeza. Monroe se encontraba en otra sala, recuperándose de la operación. Irene nos había dicho que no tenía buena pinta. Estaba muy débil.
La vimos salir de la sala y los tres echamos a correr a su lado. Rayner había preferido que ella le examinara.
—¿Cómo está? ¿Tiene algún hueso roto? ¿Está consciente?—Hizo una pausa para pensar la pregunta. Sin duda sería algo muy duro para él— ¿Le han…le han...?
Ella contestó primero la última pregunta. Eso me inquietaba.
—No, Rayner. No han abusado de él. Tampoco tiene nada roto, solo alguna fisura en las costillas y bueno…
Se quedó callada y eso nos hizo ponernos más nerviosos. Rayner la apremió.
—Tiene las manos destrozadas. Pero ha tenido mucha suerte. Sus agresores sabían perfectamente lo que estaban haciendo incluso al realizarle las curaciones. Así que se recuperará.—Echó a caminar mientras nos decía: —Ahora tengo que ir ver a Monroe, podéis entrar si queréis. Disculpadme.
En cuanto desapareció por la esquina del pasillo, Rayner abrió la puerta y entramos en la sala.
Rayner
Julen se encontraba despierto y en cuanto nos vio se incorporó. No pude evitarlo y corrí hasta él, le rodeé con los brazos y le apreté junto a mi pecho. Julen se quejó un poco, y yo me separé.
—Lo siento, es que me duele todo el cuerpo—Se disculpó él con una sonrisa.—¿Qué es lo que ha pasado?
Estévez y yo nos dedicamos una mirada cómplice. No habíamos tenido tiempo de hablar de lo que habíamos escuchado en aquel sótano.
—Iraida disparó a Monroe.—Dijo Estévez. Gara se mantenía callada, escuchando. Ella no había estado presente en ningún momento, pero también se merecía una explicación.
—Iraida iba a disparar a Estévez pero Monroe se interpuso y recibió el disparo por él. Está muy grave. Y bueno...—Miré al suelo. No sabía cómo decir aquello. Julen sabía que Monroe era el topo pero…¿sabría por qué?
Nuestros rostros eran como un libro abierto y Julen se percató enseguida de lo que pensábamos.
—Lo sabéis, ¿Verdad?
Los tres nos miramos confusos. Su gesto cambió totalmente y se mostraba con el ceño fruncido.
—Es su padre...joder. ¡Es su padre!—Julen terminó perdiendo los nervios y acabó gritando.
—Cálmate…—Dijo Estévez. Le agarró de los brazos. Pero Julen, a pesar de tener el cuerpo dolorido, le dio un manotazo que hizo que el otro retrocediera.
—¿Cómo puedes pedir que me calme? No tenéis ni idea de lo que significa eso para mi.
Estaba asombrado. Tenía que haber sido muy fuerte para él todo aquello, no sabíamos con exactitud lo que había pasado pero tampoco nos merecíamos que nos tratara de ese modo. Gara se acercó a él y le lanzó una bofetada.
—No pagues con otros tu frustración, Julen. Te hemos salvado, joder. ¡Al menos podrías ser un poco más agradecido!—Le reprendió ella.
Y tenía razón. Yo también había sufrido mucho y no me merecía aquello. Ni yo ni nadie.
Estévez cogió del brazo a Gara y ambos salieron de la sala. Yo me quedé allí de pie, inmóvil. Miraba a Julen con los brazos cruzados, esperando alguna disculpa o algún gesto cariñoso pero simplemente se giró y se echó en la camilla.
—No eres el único que ha sufrido. Eres muy injusto con la gente que te quiere.
No reaccionó a mis palabras y yo decidí seguir hablando.
—¿Por qué no me cuentas qué es lo que ha pasado? Quizá así logre entenderte...
—Qué vas a entender tú, ¿Eh? —Me dijo, conteniendo su tono de voz.
Simplemente me encaminé hasta la puerta y salí de allí dando un portazo. Le quería muchísimo y estaba realmente feliz de tenerle otra vez conmigo pero lo que menos necesitaba era eso. Aquello le había cambiado. En realidad lo del vídeo también me había cambiado a mí. Se había vuelto más impulsivo. Estaba lleno de ira y resentimiento y yo no había podido cumplir mi promesa de protegerle. Intentaría darle espacio.
Me encontré a Gara sentada en una silla y Estévez frente a ella, de pie. Estaban discutiendo.
—¿No te dije que te quedases en la furgoneta? ¿Para qué tuviste que arriesgarte así?—Le gritaba Estévez a Gara.
En otra ocasión me habría dado la vuelta y les habría dejado que solucionaran solos sus problemas pero lo que acababa de escuchar me cabreó aún más de lo que ya estaba.
—¿Cómo te atreves a decirle eso? Si no llega a ser por ella estaríamos muertos. Ya tenemos bastante con Julen como para aguantarte a ti también.
Se quedaron en silencio. Estevez sabía que tenía razón y me miró con tristeza. Quise olvidar el tema así que pregunté algo que me tenía muy intrigado.
—¿Qué han hecho con Iraida?
—Se encuentra en una de las habitaciones más aisladas. Está en la planta baja así que las ventanas tienen barrotes. No se que es lo que van a hacer con ella y tampoco saben que Monroe es un topo y mucho menos lo de que…
Le hice un gesto para que se callara. No quería volver a oírlo. No hablamos más en todo el tiempo hasta que Monroe despertó. Fuimos a verle porque Irene nos había dicho que quería hablar con nosotros.
No tenía buen aspecto, seguía muy pálido y con ojeras muy pronunciadas. Estaba empapado de sudor. Gara no se encontraba bien y se quedó fuera con Irene.
—Estévez...—Dijo Monroe mientras se quitaba la mascarilla.—Estévez...quiero que sepas...que has sido un hijo para mí y...no me arrepiento de haberte salvado...—Empezó a toser y le alcanzamos un pañuelo que acabó lleno de sangre.
—Eh, no te esfuerces...—Le aconsejó Estévez.
Intenté salir para llamar a Irene pero Monroe me hizo un gesto y me agarró el brazo.
—Niñato...ya no hay nada... que puedas hacer por mí. Por favor...dile a mi padre...que cuide de Iraida.
—¡No te vas a morir, maldita sea, no hables así!—gritó Estévez.
Escuchamos como la puerta se abría de golpe y aparecía el Director. Aquello no pintaba nada bien.
—¿Cómo te encuentras?
Era la primera vez que le veía tratar a alguien de tú a tú. Se le veía muy angustiado.
—Padre...lo siento. Se que hice mal...pero cuida de ella...eres su familia, intenta que...que no vaya a por su hermano...no merece...no merece la pena.
—¿De qué hablas?—Dijo el hombre mayor. El ambiente en la sala era bastante tenso.
Monroe nos echó una mirada de complicidad y vimos como ladeaba la cabeza y se quedaba inmóvil. La máquina que medía su pulso marcó una línea recta y el pitido que emitió nos lo dijo todo. Comprendimos enseguida que había perdido la vida por defender a los que amaba. Su pasado le había arruinado su presente y me dije a mi mismo que no dejaría que eso me ocurriera a mí.
No podía creer que Monroe estuviese muerto. Cuando entré en la sala tuve ganas de golpearlo por lo de Julen pero cuando vi a Estévez con ese aire de tristeza comprendí lo mucho que significaba ese hombre para él y lo duro que había tenido que ser todo aquello. En ese momento lo único que podía sentir era un enorme vacío. Era la segunda vez que veía a alguien morir y encima eran de la misma familia. Una broma de mal gusto detrás de otra.
Nos quedamos contemplando un rato más el cuerpo inerte de Monroe. Estévez estaba destrozado a pesar de todo y no le había soltado de la mano al que hasta ese momento había sido un padre para él, pero el Director le empujó para que se apartara y le cerró los ojos. El director acababa de perder a su hijo y si sufría, lo disimulaba muy bien. Ese hombre parecía hecho de hielo. No derramó una sola lágrima. Salimos de allí en silencio, el director nos hizo un gesto para que le siguiéramos.
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