Por tí
Iraida sacó el teléfono de su bolsillo y buscó un número en la agenda. Cuando lo encontró simplemente deslizó el dedo por la pantalla táctil para hacer una llamada.
—¿Cuando se los llevan, mañana?
—Mañana, si. —Confirmó una voz al otro lado del teléfono.
—Síguelos sin que se den cuenta. Quiero que los vigiles. Cuando llegue la hora te diré lo que tienes que hacer.
No dijo nada más, simplemente se separó el teléfono de la oreja y deslizó su dedo de nuevo por la pantalla para colgar.
Julen
Me desperté sobresaltado y me incorporé de golpe. Había tenido una pesadilla horrible. Una de tantas, como las que solía tener cuando era adolescente, justo después de… Era lógico que volvieran después de haber recordado todo tan intensamente. Estaba planteandome usar las pastillas que utilizaba Rayner para dormir. La única diferencia era que tenía a la persona que más queria en el mundo durmiendo justo a mi lado.
—Oye, ¿estás bien? —Me dijo Rayner, mientras se incorporaba y me besaba el hombro.
—Están volviendo, Rayner. No se si...—Me agarró la cara y me hizo callar con un beso. Era el primero que nos dábamos después de habernos tirado toda su recuperación sin dirigirnos la palabra.
Justo cuando sus labios se separaban de los míos escuchamos pequeños golpes en la puerta. Gritamos al unísono para que entraran.
—Chicos, siento molestaros pero quería saber cómo os encontráis antes de ir a dormir. Estaba preocupada—Dijo Gara mientras se acercaba a nosotros.
Se sentó a los pies de la cama y nos miraba a ambos como en un partido de tenis. Rayner me sonrió y me guiñó un ojo. Ella comprendió al instante que lo habíamos arreglado. De repente se puso de rodillas en la cama entremedias de los dos y nos rodeó con los brazos.
—Sois muy importantes para mí. Me ha costado mucho asimilar lo vuestro. Rayner sabe por qué. Pero ahora cuando os veo… Es difícil describir con palabras.—Se separó de nosotros y se bajó de la cama. Antes de irse añadió algo más.—Solo quería que lo supierais.
Se fue pero dejó la puerta entornada. Me acerqué al borde de la cama y bajé los pies al suelo. Rayner me rodeó por la espalda con los brazos y me dio un beso en el cuello.
—Dónde te crees que vas—Me susurró.
—La puerta...—Le dije mientras la señalaba.
El se levantó de la cama y se puso frente a mi. Me dedicaba la misma sonrisa pícara de antes, cuando Gara se encontraba en el cuarto. Agarró mis brazos y tiró de ellos hacia arriba. Ahora me encontraba a la altura de su barbilla.
—Déjala como está y bésame.
Se me aceleró el corazón al oír aquello. Hace días que pensaba que no le escucharía decir algo así. Y lo hice. Le besé con la misma ansia que cuando te mueres de sed y por fin logras beber agua. Como si mi vida dependiera de aquel beso. Hice un movimiento brusco al agarrarle y él se apartó un poco de mí y se llevó la mano al pecho, en la zona alta del hombro. Justo donde había recibido el disparo.
—Lo siento, yo...—Me disculpé mientras le acariciaba la zona del pecho que tenía descubierta. Llevaba una camisa desabrochada y unos vaqueros bastante ajustados. Hice un esfuerzo para mantener la mirada fija en su rostro.
Estévez nos había hecho el favor de traernos ropa limpia de la casa de Rayner. Solíamos dormir en calzoncillos pero aún estábamos vestidos porque, después de lo que le había rebelado horas atrás, nos habíamos quedado dormidos con lo puesto. Él no había dejado de sonreír ni un momento, me abrazó con suavidad y me introdujo la mano por dentro de la camiseta, acariciando mi espalda de arriba a abajo. Ya no iba a resistirme a sus caricias pero él aún estaba receloso por si volvía a pararle como lo había estado haciendo. Me puse de puntillas y le agarré la cara para besarle por todas las partes que se me ocurrían. Imitó mis gestos y nos encontramos en un punto que no parabamos de comernos a besos. Besos por todas partes. En las mejillas, la comisura de los labios, el cuello, la frente… Le quité la camisa y le rocé todo el pecho con mis labios. Cerró los ojos y alzó la cabeza.
—Repite lo que me dijiste el otro día, antes de desmayarme.—Me soltó mientras bajaba la cabeza para volver a mirarme.
—Te quiero—Le dije, sin más. Se sentó en la cama, me agarró y me sentó encima suya. Mis muslos rodeaban sus caderas. Comenzó a darme besos por el cuello cada vez con más intensidad.
—No me hagas que pare, por favor. Esta vez no…—Me susurró.
Estaba siendo más intenso que la primera vez que lo hicimos. Nuestras manos tenían experiencia y nuestros sentimientos habían aumentado a pesar de los años sin vernos. Para demostrarle que iba a dejarme llevar me quité el chaleco y la camiseta, despacio, y le desabroche el pantalón. La sensación de notar su pecho contra el mío era maravillosa. Entrelazando mis dedos en su pelo mientras él me desabrochaba el pantalón y me tumbaba boca arriba.
Rayner era mi primer y único amor.
Rayner
Otra de las muchas veces que Julen me había hecho perder la cabeza. Pero se estaba dejando llevar y con solo una caricia me decía mil cosas. Le había echado muchísimo de menos durante esos seis largos años. Él aparte de ponerme muy nervioso con un solo beso, me hacía sentir escalofríos y hormigueos por todo el cuerpo. Julen era claramente mi primer amor y por el modo en que me trataba sospechaba que yo también para él. Nos habíamos conocido muy jóvenes pero nadie me había llenado tantísimo como él. Había querido mucho a Gara pero volver a encontrarme con Julen me había hecho darme cuenta de que lo que había sentido por ella no era ni la mitad de intenso que lo que sentía por él. Nos habíamos confesado que no habíamos podído olvidarnos el uno del otro después de tantos años.
Me quité toda la ropa de cintura para abajo y acto seguido le quité a él la suya. No podía esperar más. Me temblaban las manos. Había olvidado lo que Julen despertaba en mí, una vez más. Esa ansia y descontrol, esas ganas de besarlo, acariciarlo… A mi no me atraían los chicos tanto como a él. Pero Julen despertaba en mí sentimientos que no había logrado manifestar con nadie, ni chicos ni chicas. El amor te hace cometer locuras, hace que tus sentimientos se desborden.
Mi corazón latía intensamente, acelerado. Ver el pelo blanco de Julen sobre las sábanas, alborotado, su cuerpo desnudo, su sonrisa, sus ojos ámbar y sus manos deslizándose por todas partes me parecía un sueño. Un hermoso sueño del que no quería despertar. No recordaba el momento exacto en el que había comenzado a suspirar. El pelo se me vino a la cara y el me lo apartó como pudo. Comencé a besarle los muslos y darle pequeños mordiscos a medida que iba subiendo. Me fijé como como se ayudaba con el diafragma para respirar. Su pecho y su abdomen subían y bajaban rápidamente y vi que tenía los abdominales ligeramente marcados. El gimnasio le había dejado un cuerpo increíble pero tampoco me había parado a pensarlo mucho. Había estado mas pendiente de las ganas que tenía de besar sus labios, aunque solo con eso ya me habían entrado ganas de hacerle el amor. No se hacía una idea de lo guapo que se había puesto. Me senté en el centro de la cama, le agarré y le indiqué que se sentara prácticamente encima mio. Notaba su pecho de nuevo contra el mío y nuestras respiraciones comenzaron a sincronizarse. Las dos igual de agitadas. Bajé mi mano y la deslicé por los huesos de su cadera. Le acaricié por la zona baja de la pelvis un buen rato y comenzó a gemir. Intentaba controlar su voz para que no le escucharan. Noté como sus muslos se aferraban a mis caderas. Sus dedos se entrelazaron en mi pelo y tiraban de él firmemente pero sin llegar a hacerme daño.
—La puerta...—Me dijo Julen entre un gemido y otro. Seguía controlando su voz.
—Olvídate de la puerta y no te controles más—Dije como pude. Al escucharle así perdía el hilo de mis propios pensamientos.
—Entonces no pares.
Deslizó su mano y me tocó en la misma zona, imitando mis movimientos. El placer me inundaba y noté como me costaba cada vez más centrarme. Me agarré a su pelo como había hecho él momentos antes. Ahora el que intentaba contenerse era yo. Entendía perfectamente a Julen. Era tan intenso que si no me controlaba nos escucharían hasta fuera del edificio. Me encantaba el roce de su piel con la mía. No podíamos dejar de besarnos ni de acariciarnos, aunque estuviésemos jadeantes. Otro día habría bastado simplemente con quedarnos abrazados, acariciándonos, pero queríamos más. Me empujó suavemente, mi espalda tocó la cama y se echó encima mía. Después el que agarraba sus caderas con los muslos era yo. Notaba sus manos recorriendo mis piernas, deslizándose hasta mi abdomen y subiendo hasta mi cuello. Apenas me había rozado en esa posición y ya sentía que se me iba a salir el corazón del pecho.
Mientras te entregas a alguien solo por placer la sensación de subidón dura lo que tardas en terminar, pero cuando lo haces por amor… la sensación de subidón te acompaña incluso después de que cada uno se vaya por donde ha venido. Esa era la diferencia entre hacer el amor y acostarte con cualquiera, ¿No? Me sentía más vivo que nunca. Siempre había tenido miedo de sentir, de enamorarme… pero Julen siempre acababa poniendo mi vida del revés.
Solo él.
Gara
Nunca había hecho algo parecido. Pero no lo pude evitar. Justo después de salir de la habitación me quedé allí plantada, detrás de la puerta. Escuchando lo que se decían, viendo como se besaban… Me sentía mal conmigo misma por no ser capaz de alejarme, de no seguir mirando. Hasta ese momento había creído que podría soportar verlos juntos, pero ya no estaba tan segura. Estaba dolida. Rayner jamás me había tratado así. Nunca había entrelazado sus dedos en mi pelo, ni me había susurrado cosas y tampoco se había vuelto loco con una simple caricia que le hiciera. Quería pensar que la culpa no era mía, que simplemente estaba enamorado de Julen y por eso no era capaz de sentirse así conmigo. ¿Cómo era posible dejar a alguien, pasar seis o siete años sin verle y seguir igual de enamorado? Yo no entendía aquello, seguramente porque lo que yo creía amor en realidad no eran más que ilusiones.
Un amor que duraba casi una década. Yo también quería algo así.
Cada vez gemían más alto y más seguido. Decidí cerrar la puerta sin que me oyeran y conseguí moverme y alejarme de allí.
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—¡Vamos! Levan...Oh—Se interrumpió Estévez mientras se acercaba a la cama de Rayner y se encontraba con los dos chicos desnudos, besándose. Se puso colorado como un tomate y no sabía donde meterse. Los dos chicos se taparon enseguida, con un acto reflejo.
—Joder Estévez, ¿no sabes llamar a la puerta o que?— Dijo Rayner exasperado.
Julen no paraba de reír mientras miraba a Estévez.
—Te divierte mucho, ¿no?—Soltó Estévez, malhumorado.
—Dios mío tenías que haberte visto la cara—Volvió a estallar en carcajadas.
Estévez mantenía una pose tímida. Estaba completamente seguro que llamaría siempre a las puertas antes de entrar.
—Os espero en una hora en el aparcamiento. Recoger todo que nos vamos a la sierra.—Dijo mientras miraba hacia el suelo y echó a caminar para marcharse cuanto antes.
Tardaron hora y veinte en bajar al aparcamiento. Estévez les esperaba junto a Gara, el primero tenía cara de pocos amigos. Con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
—Ya era hora—Les reprendió. —¿Que cojones habéis hecho?
Ambos chicos se sonrojaron y se miraron con una sonrisa pícara.
—Venga ya, ¿En serio? No teníais otro momento.—Dijo a la vez que veía llegar a Monroe.—Espero que no estéis como perros en celo cuando subamos a la sierra.
Monroe se quedó mirando a Rayner y a Julen con los ojos bien abiertos. Abrió la boca pero Estévez le hizo un gesto para que no dijese una sola palabra. Monroe se encogió de hombros. Gara los miraba a todos atentamente.
—Buenos días a vosotros también.—Dijo Rayner mientras le dedicaba una sonrisa a Monroe. El otro alzó una ceja en señal de sorpresa.— Relájate Estévez, no hemos tardado tanto…
—No se como tomarme eso—Dijo Julen mientras le miraba de reojo, visiblemente ofendido.
Monroe no podía estar más sorprendido. Tragó saliva y consiguió hablar por fín. —Eso, Estévez. Relájate un poco. Os he traído walkie talkies de última generación por si acaso. No voy a poder subir con vosotros. Antes tengo que solucionar algo aquí. Si tenéis algún problema llamadme.
—Muchas gracias, Monroe—Dijo Rayner, su voz tenía un tono amable y sincero.
Monroe volvió a alzar una ceja.
—Hay que ver lo que hace el mojar la noche anterior.—Se burló Monroe a ver si Rayner reaccionaba pero no hubo respuesta, el otro solo miraba al suelo, sonriendo.—Joder… pero si le has vuelto amable y todo, chico de pelo blanco.
Julen le echó una mirada. Los cuatro vieron cómo Monroe se alejaba y ellos echaban a caminar por el aparcamiento hasta un coche negro. Tenía aspecto de deportivo y las ruedas eran bastante gruesas. Se parecía a los de las películas de acción. Los tres se quedaron impresionados cuando entraron dentro.
—Vaya, ¿y esto?—Dijo Julen mientras tocaba la tapicería.
—Necesitábamos un coche más seguro.—Soltó el otro mientras se ponía las gafas de sol. Sacó tres pistolas de uno de los compartimentos que tenía en la guantera y las guardó en una mochila. Los tres amigos se miraron y sus rostros reflejaban miedo y confusión. «¿Un coche más seguro? ¿Más armas? ¿Qué está pasando?» pensó Julen mientras Estévez arrancaba el coche.
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