Decisiones
Gara
Nos encontrábamos en el mismo estado de nervios que Rayner y eso no ayudaba mucho. Estábamos en el vestíbulo de la orden esperando a Monroe. Le vimos entrar apresuradamente y hacernos un gesto para que le siguiéramos. Entramos en un cuarto con dos sofás y una encimera con máquinas de café.
—Aquí podemos hablar más tranquilamente. —Dijo Monroe.
—Has tardado mucho, esto es urgente ¿sabes? —Le reprendió Estévez.
—A mí no me hables así. Se supone que debías protegerlos, ¿se puede saber qué es lo que ha pasado? —Gritó Monroe, indignado.
—No le vemos desde anoche, se supone que estábamos todos durmiendo y…
—Está claro que te falta experiencia. No debí mandarte a ti solo. Por muy bueno que seas con las armas y trazando estrategias, te queda mucho por aprender y ahora voy a tener que responder por ti en la orden. Me vas a dejar en mal lugar. —Interrumpió Monroe. Cada vez se le notaba más decepcionado con su pupilo.
—No hace falta que des la cara por mí. Está claro que si no tuviésemos un topo no habría pasado esto. Todo apunta a que Julen se acercó a su agresor por voluntad propia. Era alguien de confianza.
—El gesto de Monroe cambió completamente. Estaba empezando a perder el color del rostro— Añade eso a que nadie sabe de ese lugar más que tres o cuatro personas en la orden. ¿No lo ves?
—Le gritó Estévez.
Me aparté por si a los dos les daba por enzarzarse en una pelea. Eran demasiado fuertes y yo demasiado pequeña y bajita como para estar en medio de algo así.
—No puede ser, me niego a creer que alguien en la orden esté detrás de todo esto. No tiene sentido.
Me fijé en cómo Monroe intentaba desviar la conversación siempre que Estévez le decía que había un topo. No quería empezar a pensar mal pero tampoco me dejaba otra opción. Se giró para mirarme mientras se sentaba. Apoyó sus codos en las rodillas. Metió la cabeza entre las manos y se quedó así un largo rato para poder aclarar sus ideas mientras Rayner no paraba de dar vueltas y Estévez y yo les mirábamos desde una distancia prudencial.
—Niñato deja de dar vueltas o harás un agujero en el suelo. —Soltó Monroe, Rayner alzó la cabeza, se dirigió hasta él y le intentó lanzar un puñetazo pero Estévez tuvo el acto reflejo de coger su muñeca antes de que rozase la cara de Monroe.
Rayner le metió un manotazo a Estévez para intentar zafarse de él. Monroe se levantó de golpe, le lanzó una larga mirada y se dirigió hasta la puerta. Salió del cuarto sin decir una palabra. Rayner se dirigió a nosotros y nos enseñó el móvil.
—Es ella. Y quiere ese dichoso bolígrafo. Me llegó justo antes de salir de la casa. —Hizo un gesto para agarrar lo que llevaba colgado del cuello. —Se lo voy a dar. Ni siquiera sé exactamente para qué sirve. Qué más da.
Estévez deslizó su mano y le arreó una colleja.
—Ya te lo explicaron, ¿es que no escuchas cuando te hablan? Puedes viajar al pasado con él. Es el bolígrafo de tu línea temporal.
Rayner tiró del colgante que llevaba y cogió uno de los folios que había en la encimera.
—Pues a qué esperamos. —Dijo mientras intentaba escribir sobre la hoja de papel pero Estévez lo detuvo.
—¿Qué crees que haces? Esto no funciona así. Puedes provocar daños irreparables a tu línea temporal. Por eso es tan importante que ella no consiga ese bolígrafo.
—¿Y qué sugieres? —Le dijo mientras se cruzaba de brazos.
—Hablemos con el director.
Rayner
No recordaba que había estado guardando aquel bolígrafo y que se podía viajar en el tiempo. Quizá si me hubiese acordado habría ido a por Joel en el momento en el que Julen me contó lo que había estado llevando dentro tantos años. Cada vez que lo recordaba me hervía la sangre. Esperaba que no tuviésemos que viajar al pasado por ninguna razón y encontrarme con Joel. Mejor que todo se quedara así.
Nos tocó esperar más de quince minutos hasta que aparecieron Monroe y el director por la puerta.
—¿Qué es lo que pasa? —Dijo el hombre mayor mientras se sentaba en su silla.
—Tiene a Julen y quiere cambiarlo por el bolígrafo. Hay que hacer el cambio como sea. Me da igual todo con tal de que él esté a salvo. —Dije a la desesperada.
—No podemos hacer eso. Lo siento mucho pero no le vamos a entregar el bolígrafo. —Dijo el hombre con voz firme.
—¿Va a arriesgar la vida de una persona por un objeto? —Notaba como me dejaba llevar y subía mi tono de voz. El hombre me miró de arriba abajo y su semblante seguía siendo el mismo.
—He dicho que no. Lo siento señor O’connell—Dijo tajantemente.
—¡No me lo puedo creer…!—Metí un golpe a la mesa, sobresaltándolo.
Monroe se acercó a mí y me hizo un gesto para que me marchara. Pero no quería irme de allí hasta que no me asegurasen que rescatarían a Julen, aunque fuese de otro modo.
—¡Tienen que ayudarle! —Estaba desesperado. Tenían que escuchar mis súplicas.
—No hemos dicho que no fuéramos a hacerlo, señor O’connell. Pero no vamos a darle el bolígrafo a esa mujer. Así que dígale que no, lo haremos a nuestro modo.
Aquello me relajó un poco. Al menos no estaba todo perdido pero aún no se me quitaba de la cabeza que tenían a Julen y que podía pasar cualquier cosa.
—No actúe por su cuenta. Trazaremos un plan y se lo haremos saber. Mientras tanto dígale que no va a recibir el bolígrafo hasta que sepamos que el señor Arnaiz está bien.
Asentí y nos fuimos de allí lo más rápido que pudimos. En medio del pasillo saqué el móvil y me disponía a escribir el mensaje cuando me llegó un video.
Los movimientos eran lentos. No tenía sonido pero se podía ver perfectamente a Julen sentado en una silla y como un hombre bastante fuerte le daba una y otra vez puñetazos. No se veía el rostro del agresor porque estaba estratégicamente grabado para que no se le reconociera en la imagen.
No podía seguir mirando aquello, los golpes que recibía Julen se me clavaban en el corazón como estacas. Mi rostro se desencajó y notaba como la ira me invadía. Se introducía por cada poro de mi piel, llegando a mi estómago. Alcé la vista y le eché una mirada gélida a Estévez. Me guardé el móvil y solo alcancé a decir:
—Voy a matar a esa niñata.
Julen
Mi cuerpo dolorido y el sabor a sangre estaban presentes todo el tiempo. Eso quería decir que no había estado soñando y que era real. Alcé la vista y pude verla allí plantada. Sentada frente a mí con esa estúpida sonrisa que me sacaba de quicio. Todo aquello le estaba produciendo un inmenso placer y se le notaba con solo mirarla. Disfrutaba, oh…estaba disfrutando todo aquello pero dicen que el que ríe el último, ríe mejor y no iba a rendirme.
Por Rayner.
Él siempre era el que me daba fuerzas incluso cuando no estaba a mi lado. Siempre estaba tirando de mí para subirme el ánimo y en ese momento no iba a fallarle. Aguantaría, saldría de allí y lo primero que haría sería comérmelo a besos. Tenía que pensar en eso o me volvería loco.
—¿Tengo que estar viendo tu careto todo el rato? —Le solté.
Ella parecía imperturbable, no solía cambiar de gesto ni siquiera cuando se cabreaba y me arreaba un golpe. Eso me inquietaba muchísimo. No lograba anticiparme a sus movimientos.
—Déjalo ya y simplemente haz lo que te digo. Así podrás reunirte con tu querido Rayner de una pieza. ¿No es eso lo que deseas? —Dijo mientras se levantaba.
Se acercó a mí y volvió a atreverse a tocarme. No podía estarse quieta. Simplemente tenía que tocarme. Deslizaba sus manos por mi cuello y bajaba hasta mi pecho. Cada vez me costaba más aguantar sus caricias.
—Sí, es lo que deseo. Pero jamás voy a darte el placer de verme suplicar por mi vida. No voy a hacer lo que me pides. —La estaba desafiando otra vez, quería ver hasta dónde era capaz de llegar. Quería ponerla al límite de su paciencia y hacer tiempo para que vinieran a buscarme…
—Puedo traer a Rayner aquí y puedo hacerte mirar mientras le torturo. Tú decides…—No podía tomarme en serio sus amenazas. Me negaba a creer que fuera capaz de hacer eso. Aunque por otro lado ya había dejado muestras de lo desequilibrada que estaba y de lo mucho que quería vernos sufrir. Solo tenía clara una cosa y era que no iba a ceder ante sus caprichos.
—No voy a hacer lo que me pides y él no es tan fácil de atrapar como yo.
Me rodeó con los brazos y me dio un beso en el cuello. Me pilló totalmente desprevenido, sus caricias no estaban tintadas de esa locura suya, sino repletas de dulzura. No pude sentirme más confuso que en aquella situación.
—Siempre te he querido, Julen. Pero tú nunca tuviste ojos para mí, ¿no es cierto? Sé que salías con mi hermano. Simplemente le querías porque era hombre y no mujer…
Parpadee lo más rápido que pude. Me daba vueltas la cabeza. ¿Acababa de decir me quería? Ya sospechaba que podía saber lo mío con Joel, pero no tenía pinta que supiese como era en realidad su hermano. Hablaba de él con admiración. Ella seguía sin soltarme, cada vez se aferraba más fuerte a mí.
—No se trata de ser hombre o mujer, además lo de tu hermano no iba enserio. No eliges de quien te enamoras. Pasa y punto. Y a mí me pasó con Rayner. —Nada más decir aquello me soltó y me arreó una bofetada.
—¡¿A son de que me tienes que pegar?! —Le grité.
—¿Lo tuyo con mi hermano no iba en serio dices? Que cara tienes… No paraba de repetirme lo mucho que le dolía haberte hecho daño y hacía todo para agradarte.
Me eché a reír. No podía parar. Simplemente reí y reí hasta que me dolió el estómago.
—Se llama sentimiento de culpa, Iraida. No amor. Él no me quería a mí sino a Rayner. ¡Por favor, no me hagas reír!
Empecé a decir cosas sin sentido. Me miró con lástima y marchó cerrando de golpe y dejándome allí riendo, preso de mis delirios. Ahora era yo el pobre desgraciado que parecía haber perdido la cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario