Dejavu
Gara
Cogí la cuchara y empecé a darle vueltas al café. No había dormido muy bien y sentía que cada día que pasaba tenía menos sentido que estuviese en la orden. Estaba planteandome volver a mi casa y no hacer nada más. Total ya no quedaba mucho en lo que yo pudiese ayudar. Pero Rayner era mi amigo y yo no solía abandonar a un amigo y menos en el peor momento.
Rayner y Estévez llegaron juntos y ellos no tenía mejor aspecto que yo. Se sentaron en silencio.
—No creo que debas venir a más misiones pero no quiero que te vayas a casa. Se que es egoísta y que no tengo derecho a pedirte nada pero me voy a quedar más tranquilo. Aunque no lo creas tu presencia me hace bien.—Dijo Rayner. Parecía sincero.
Me quedé callada, no sabía qué decirle y tenía razón. Si encontraban a Julen yo no iba a poder ayudar así que no me quedaba otro remedio que aceptar lo que él me pedía… ¿O si? ¿Y si había una forma de ayudar?
Después de pensarlo le hice ver que si que me necesitaban.
—Y si estáis en un tiroteo ¿quien va a conducir? Si encontráis a Julen, no sabemos en qué estado va a estar.
—Contamos con Monroe—Añadió Rayner. Pero enseguida Estevez puso mala cara y le regañó.
—No contamos con él. Estoy seguro que él es el topo y aunque se viniese con nosotros no nos ayudaría a escapar de allí.
—¿Entonces para qué le vamos a llevar con nosotros?—Replicó Rayner.
—Para vigilarle. Así no nos pilla por sorpresa y tenemos más opciones. Y tú —Me señaló—No vas a venir con nosotros.
Me levanté, le miré con cara de pocos amigos y me marché de allí sin tomar el café. No soportaba que me dijeran lo que tenía que hacer y no se lo iba a permitir a él. Para mi sorpresa salió tras mía y me cortó el paso.
—No quiero que te pase nada, por favor…
—No se ni tu nombre, ¿como puedes decir que no quieres que me pase nada? Además hay algo que tienes que saber de mi y es que yo siempre suelo tener la última palabra y si quiero correr riesgos es mí problema. ¿Te queda claro?
Enseguida me arrepentí de hablarle de ese modo. ¿Cómo había podido? Se le notaba realmente preocupado por mí. Pero no pude evitarlo. Además tenía razón. Después de tantos días juntos y compartiendo el mismo techo no nos había dicho su nombre, solo le llamábamos por el apellido y se me hacía bastante raro. Le di la espalda, estaba dispuesta a marcharme.
—Donovan.
—¿Disculpa?—me giré con brusquedad.
—Me llamo Donovan. Donovan Estévez.—Me dedicó una sonrisa—Y aunque me cueste mucho, dejaré que vengas a rescatar a Julen pero como no tengas cuidado no te lo voy a perdonar nunca.
Me dirigí a la habitación con una sonrisa dibujada en la cara.
Julen
No paraba de preguntarme qué estaría haciendo Rayner para tardar tanto. Además Estévez era una persona avispada y seguro que sería el primero en dudar de Monroe. Después de la confesión más dura que había escuchado en mucho tiempo, se me hacía todo más cuesta arriba. No sabía si era porque ya sabía que Monroe era el padre de Joel y de Iraida y me lo imaginaba todo o si de verdad habíamos pasado por alto el gran parecido tanto físico como a nivel emocional que tenían los tres. A pesar de que Monroe era un hombre canoso, se podía intuir que había sido rubio. Ahora me preguntaba si él sabía los problemas mentales que tenía su hijo y los líos que se había traído conmigo y con Rayner.
Me iba a explotar la cabeza…
Entró Iraida por la puerta. Justo lo que me faltaba en ese momento.
—Cada día estás más guapo. ¿No te lo han dicho?—Dijo mientras se acercaba a mi. Llevaba un modelito de cuero bastante ajustado y provocativo.
—No se que es lo que pretendes. Pero sea lo que sea no vas a conseguir nada.—Le advertí.
Se echó a reír siniestramente. Siempre acabamos igual. Ella se me insinuaba, yo me alteraba y la amenazaba y ella se reía. Estaba harto de todo aquello.
—Hoy sí lo voy a conseguir. Por eso estoy aquí—Su voz se tornó de lo más sensual.
La miré con una sonrisa. Me costaba tomarla en serio la mayoría de las veces.
Vi como se acercaba a una mesa y cogía un gran clavo y un martillo, enseguida los volvió a dejar en su sitio. No me había fijado que había un gran arsenal de utensilios de carpintería. Hizo algo inesperado. Me ató una cuerda al pie y me quitó las cadenas. intenté escapar pero tiró de ella y caí de bruces al suelo. Estaba muy débil así que pudo inmovilizarme y me dio la vuelta. Mi espalda quedó apoyada en el suelo. Me lanzó un puñetazo en el estómago que no me dejó levantarme y así le dio tiempo a agarrar los clavos y el martillo. Me lanzó otro puñetazo en la cara. Se notaba que había estado haciendo artes marciales porque sus movimientos eran muy rápidos y precisos. Me eché una de las manos a la cara por el dolor y ella aprovechó para cogerme la otra y cuando quise darme cuenta y detenerla ya había clavado mi mano al suelo de madera.
—¡Hija de… TE MATARÉ!—Estaba fuera de mi pero apenas podía moverme porque la mano me dolía horrores. En un acto reflejo la escupí y me arreó otro puñetazo. me agarró la otra mano y me la clavó al suelo, igual que hizo con la otra. No podía sentirme más humillado. Me había inmovilizado una chica más desgarbada que yo y se había atrevido a clavar mis manos al suelo.
Me dolía tanto que mi vista se nublaba y no hacía más que gritar y gritar. Ella estaba completamente loca. Era tan insensible que ni se inmutó con mis gritos desgarradores. Las lágrimas empezaron a resbalar por mis mejillas. El dolor cada vez se me hacía más insoportable y ella seguía allí, con esa estúpida sonrisa.
—Perdoname, hermano...—Dijo mientras le daba un beso a un collar que llevaba puesto. Recordaba que Joel le regaló ese mismo collar delante mía. Solía regalarle algo siempre que pasaba de curso.
Ella me desabrochó el pantalón. No podía creer mi suerte. Otra vez no, otra vez no…
OTRA VEZ NO.
Pensé rápido como evitar aquella situación. y caí en lo que acababa de hacer Iraida con el collar y las palabras que había dicho mientras le daba un beso. Si ella lo sabía quizá… Todo lo que tenía que ver con su hermano le afectaba mucho.
Empecé a reír, ella perdió los nervios y me arreó un bofetón.
—¡¿De qué te ríes?!—Me gritó.
—Eres igual que tu hermano. Incluso me arriesgaría a decir que parecéis la misma persona. Pero no vais a acabar conmigo—Solté.
—No me parezco en nada a él, solo lo intento. Él era la mejor persona que he conocido nunca. Soy yo la que está podrida.—Su tono de voz empezaba a temblar. Se estaba viniendo abajo y era mi oportunidad.
—Estaba tan podrido como tú. ¿Vas a violarme?¡Él ya lo hizo primero!—No podía parar de reír.—¿Quieres que te cuente todos los detalles?
—¡Cállate!—Dijo mientras se alejaba de mí.
—¿Quieres que te diga como me manoseaba? ¿Como me rozaba con su lengua? ¿Cómo…?
Me hizo tragar mis palabras del bofetón que me dio. Se tapó los oídos y se quedó en el suelo agazapada. Inmóvil.
Dejé de reírme a carcajadas pero le dediqué una sonrisa triunfal. Lo había conseguido. Pero… ¿A qué precio? Ya me daba igual.
Intenté moverme pero notaba como los clavos tiraban y me fijé en toda la sangre que había derramado. Estaba empezando a marearme y notaba como el sudor se mezclaba con mis lágrimas.
—Ojalá se esté pudriendo en el infierno.—Dije sin reparos. Ella soltó un grito casi tan desgarrador como los que había soltado yo y Monroe entró por la puerta. Nos encontró a mi ensangrentado y a ella gritando desesperadamente y agarrándose la cabeza. Se aferró a Iraida para consolarla y se la llevó de allí.
Más tarde regresó a quitarme los clavos y lavar mis heridas...
Rayner
Había pasado toda la noche pensando y por mas que le había dado vueltas no sacaba nada en claro. Me estaba agobiando el tener la clave para rescatar a Julen y no dar con ella. Me estaba volviendo torpe y estúpido. Tampoco ayudaba el hecho de que no habíamos visto a Monroe en toda la mañana. Llegó justo después de comer y me hizo un gesto para que me quedara sentado. Vino hacia mí y se sentó justo en frente.
—¿Aún no habéis averiguado nada?
Sus palabras me metían más presión de la que ya tenía.
—No. Y estoy empezando a agobiarme.
—¿Sabes qué? Yo veraneaba por la zona donde encontramos el rastro de Julen. Mis padres tenían una casa por allí pero la acabaron vendiendo cuando yo tenía diecisiete años. Allí perdí mi virginidad, en esa dichosa casa.—Su voz reflejaba un tono de amargura.
Me estaba desconcertando. ¿Qué tenía que ver aquello con ayudar a Julen?
—¿Por qué me cuentas todo esto?—Le miré alzando una ceja.
—Apuesto a que muchas familias veraneaban allí. Familias relacionadas con la orden. Es un buen lugar para esconderse, ¿no?
Cada vez me intrigaba más. No entendía qué era lo que buscaba diciendome todo aquello. Me dedicó una sonrisa, se levantó y se fue por donde había venido. Me quedé allí plantado, reflexionando. Repetía en mi cabeza cada palabra que había dicho Monroe.
«Yo veraneaba por la zona donde encontramos el rastro de Julen. Mis padres tenían una casa por allí»
«Apuesto a que muchas familias veraneaban allí. Familias relacionadas con la orden. Es un buen lugar para esconderse, ¿no?»
—¡Ya lo tengo!
Corrí en busca de los demás para reunirlos y comentarles mis sospechas. Encontré a Estévez y a Gara hablando en el pasillo cerca de nuestras habitaciones, cuando llegué hasta ellos solo pude decir: —Creo que ya sé donde está Julen.
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