Duras consecuencias
Gara
Rayner nos había traído muy buenas noticias. No estábamos seguros de que Julen en realidad estuviese allí pero no teníamos nada más y la orden seguía sin mover un dedo para ayudarle. Nos estuvo contando que él veraneaba por esa zona pero que Joel también. Su familia tenía una casa por allí pero la vendieron cuando Joel se suicidó. Su teoría era que habían entrado en la casa y lo retenían allí. Según la información de la orden, la vivienda estaba embargada pero el director había creído conveniente mover sus hilos y recuperarla ya que todos los familiares estaban muertos menos uno y les gustaba tener todo bien atado. Si el topo terminaba siendo Monroe como había dicho Donovan. tendría sentido que estuvieran en esa casa ya que estaba deshabitada y no solían pasarse por allí. Era una propiedad más de las muchas que tenía la orden que al parecer no eran pocas. ¿De dónde sacarían tanto dinero?
Ayudamos a Donovan con las armas. Se me hacía raro llamarle por su nombre después de tanto tiempo llamándole Estévez pero era la única que le llamaba así y no lo hacía si no era a solas. Entre pistolas y navajas a Rayner no se le ocurrió otra cosa que hacerme enfadar. No quería que yo fuese pero Donovan y yo ya habíamos hecho un trato. Tampoco iba a dejarle solo, no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar. Le tuve que amenazar con lo primero que pillé y dio la casualidad que fue una pistola y no sabía ni como usarla.
—Baja eso o tendremos un disgusto.—Me reprendió Donovan. No le gustaba que tocasen sus armas y menos alguien que no tenía ni idea.
—Yo sigo sin tener claro que ella nos acompañe...—Dijo Rayner, seguía empeñado en no dejarme ir después de todo.
—Ella se va a quedar en el coche así que cállate ya por favor. Necesito concentrarme y no me lo estáis poniendo nada fácil.—Nos regañó a los dos y nos callamos ipso facto. Ya sabíamos lo que ocurría si le cabreabamos. Aun no me había recuperado del susto que nos dio en el coche después de que Julen le tirase una piedra al faro trasero.
Cuando todo estaba listo nos bajamos al aparcamiento y allí nos esperaba Monroe. Intentó escabullirse pero Donovan le metió en una furgoneta a la fuerza. Ni siquiera entendía para qué había bajado allí si no pensaba venir. Era un hombre extraño. Quizá Donovan se equivocaba y en realidad Monroe no era el topo…
El viaje se hizo en silencio, habíamos estado varias horas planeando cómo íbamos a abordar la situación y yo no estaba muy convencida. Tenía el presentimiento de que algo iba a salir mal. Muy mal.
—Pase lo que pase, Gara… No entres—Me dijo Donovan mientras cerraba la puerta de la furgoneta.
Rayner
El plan era sencillo. Monroe entraría primero seguido de Estévez y yo les cubriría por detrás. Inspeccionariamos la casa y solo teníamos dos opciones. La primera era que si encontrábamos a Julen, sacarlo de allí en silencio y la segunda opción, que no estuviera y largarnos de allí tan rápido como habíamos llegado. Estévez me había dicho que no me preocupara, que pasara lo que pasase él tenía experiencia en esas cosas. Que si estaba allí le sacaríamos y que si eran más de dos que saliese corriendo al coche con Gara. Me habían puesto un chaleco antibalas por si acaso, Estévez estaba tomando muchos riesgos llevándome allí y más aún cuando pensaba que Monroe era un topo. No tenía ni idea de usar armas de fuego pero me defendía bastante bien con un arco y flechas ya que me gustaba ir de vez en cuando a practicar, así que iba cargado con varias de esas y un gran arco. Desde niño era algo que me fascinaba y podría sacarle partido para ayudar a esa persona que siempre me estaba regañando y que veía bastante inútil mi hobbie.
Rodeamos la casa y forzamos la puerta trasera. Entramos en silencio pero por mas despacio que fuésemos el suelo era de madera y crujía a nuestro paso. Me estaba empezando a poner bastante nervioso.
«La mente fría, Rayner.» Me decía una y otra vez. Me estaba costando horrores no salir corriendo por toda la casa gritando su nombre. Necesitaba encontrarle…
Cuando terminamos de inspeccionar la parte baja de la casa y nos disponíamos a subir oímos unos murmullos lejanos. Provenían del sótano. Monroe se quedó parado en medio de la escalera y no conseguía bajar. Estévez le empujó unas cuantas veces hasta que consiguió que bajase. Se puso detrás mía y le hizo un gesto al otro para que abriese la puerta. Eso inquietó a Estévez y se tiró un rato inmóvil. Finalmente abrió la puerta de golpe y…
En lo primero que pude fijarme fue en Iraida. Estaba sentada en una silla con escasa ropa, más bien parecía que estaba en lencería. Rápidamente desvié la mirada por toda la habitación, en su busca y le ví. Estaba de rodillas con las manos en alto, encadenadas. Estaba prácticamente desnudo, solo llevaba la ropa interior. Tenía los brazos cubiertos de sangre, el pelo sucio y alborotado que le caía por la cara, las manos vendadas y algún que otro moratón en el abdomen. Por un momento creí que me cegaba la ira y que iría a matar a Iraida pero ver así a Julen hizo que el alma se me rompiera en mil pedazos, más aún que cuando vi el vídeo e intenté correr hasta él.
—¡Julen!—Le grité y levantó la vista para mirarme.
Caí de rodillas junto a él y le abracé con todas mis fuerzas. Dios mio no me lo podía creer. Le tenía entre mis brazos...Estaba magullado pero vivo. Fueron unos minuto eternos, él tenía su barbilla apoyada en mi hombro y yo suspiraba en su oído. Fue como si todo al rededor nuestra se parase o desapareciera. Julen soltaba un quejido de vez en cuando pero no se atrevía a decirme que me alejara. Me sacó del trance el ruido de unos pasos que siguieron el sonido del golpe de una bofetada. Me giré y vi a Monroe justo al lado de Iraida y ésta se agarraba la cara y miraba al suelo.
—¡Te dije que le dejaras en paz! Deja de comportarte como una prostituta y no te rebajes más.
Estévez y yo nos miramos. No saliamos de nuestro asombro. ¿Le había arreado un bofetón a Iraida? Y lo mas increible ¿La había llamado prostituta?
Estévez apuntó con su arma a Iraida en un acto reflejo y Monroe enseguida sacó la suya y le apuntó a él. Si nadie los detenía pronto estaríamos en un fuego cruzado.
—Yo tenía razón… ¡Maldita sea!—Gritó Estévez.
—¿Que era lo que esperabas, Estévez?—Le dijo Monroe. Su mirada lo decía todo.
—Eres un hijo de puta. Yo te apreciaba, joder. ¡Yo te apreciaba!—se llevó la mano que tenía libre al cinturón, cogió otra pistola y le apuntó con ella.—Esperaba equivocarme contigo. Fuiste un padre para mí y ahora me haces esto…
—¿Eso era lo que hacías en vez de cuidar de mí o de mi hermano?—Replicó ella.
—No te metas, Iraida.
Podía ver cómo Estévez estaba comenzando a derrumbarse, le temblaban ligeramente las manos. Intentaba ser fuerte para sacarnos de allí con vida pero la situación resultó ser más dura de lo que habíamos pensado.
—¿Por qué? ¡Dime por qué!—Volvió a gritar Estévez.
—Simplemente coged a Julen y largaos de aquí. Por favor. No compliquemos más las cosas.
Ninguno de los dos bajaba las armas.
—¡Necesitamos el bolígrafo. no les dejes marchar con él!—Le dijo Iraida mientras se levantaba y se aferraba a él.
—Jamás—Sentenció Estévez.
Sonó un disparo y todo se tornó confuso.
Yo me aferré a Julen pero no sabía qué hacer, estaba encadenado y no tenía la llave. Estévez se distrajo un momento y eso le dio la oportunidad a Monroe para abalanzarse sobre él y desarmarle. Mientras ellos se pegaban en el suelo aproveché para acercarme a Iraida que estaba tan pendiente de la pelea como Julen. La pillé desprevenida y la inmovilicé en el suelo. Tenía que buscar la llave en sus diminutas ropas.
—Mira Julen, tu novio si que sabe lo que quiero que me hagas— Le gritó con burla.
Se notaba que Monroe la había estado entrenando en secreto porque tenía bastante destreza. Ya casi se había liberado de mi pero entonces tuve la suerte de palpar por la zona del pecho y notar algo con forma de llave. Intenté meter la mano como pude y conseguí sacarlo. Era un trozo de hierro redondeado. Me lo guardé en el bolsillo y ella aprovechó para lanzarme un puñetazo que me hizo caer de espaldas al suelo, se echó sobre mí y forcejeamos. Quería quitármela de encima para liberar a Julen pero me era imposible y Estévez no estaba mucho mejor. Pensé en lo tontos que habíamos sido dejando a Gara en el coche cuando me fijé en la puerta y vi a Gara allí plantada. Llevaba en las manos un trozo de madera bastante grande. No podía creer mi suerte. Caminó hasta nosotros y le arreó un golpe a Iraida que la dejó fuera de combate. Me levanté como pude y me dirigí hasta Julen. Saqué el trozo de hierro de mi bolsillo e intenté meterlo en el agujero que correspondía pero no era capaz. Estaba demasiado nervioso para acertar así que Gara lo hizo por mí. Cuando le liberó le agarré y pasé uno de sus brazos por mis hombros y ella hizo lo mismo con el otro para pasarlo por los suyos.
Monroe y Estévez seguían peleando en el suelo y Estévez tenía todas las de perder. Tenía que hacer algo.
—Sácalo de aquí. Llévatelo a la furgoneta...—Le ordené.
—¿Y tú?—Me dijo ella. Me miraba con impaciencia.
—Tengo que ayudar a Estévez—Le dije mientras les ayudaba a subir las escaleras del sótano. Me miró de nuevo y ahora en sus ojos se podía leer la confusión. Le hice un gesto y se llevó a Julen como pudo. Yo bajé las escaleras de nuevo y antes de asomarme escuché la voz de Monroe gritando seguida de un disparo. Me entró el pánico. No sabía que iba a encontrarme.
* * * *
Estévez no supo cómo reaccionar a tiempo ni como evitar aquello. Iraida había cogido una de las armas que estaban en el suelo y le había apuntado con una pistola para que se separase del otro. Antes de que la bala le alcanzara, Monroe se había interpuesto y le había alcanzado en el abdomen. Le sostenía como podía pero se le estaba escurriendo de las manos. El otro hombre era mucho más fuerte y alto que él y no podía soportar el peso del otro él solo. Rayner se asomó por la puerta en el momento que Iraida se agachaba para dejar la pistola en el suelo. Se acercó a él y le ayudó a sostener a Monroe.
—Estás aquí niñato...—Después de decir esas palabras el hombre empezó a toser y a soltar leves quejidos por el dolor.
—¿Qué es lo que ha pasado?—Dijo Rayner por lo bajo.
—¡Papá!—Gritó Iraida mientras se incorporaba y echaba a correr al lado de Monroe.—Papá yo no quería…
—Es la primera vez que me llamas...así.—Le costaba hablar.
—¡Y a partir de ahora te llamaré siempre así pero no te mueras! Solo me quedas tú, no puedes morirte...Tenemos que salvar a Joel, ¿recuerdas?—Decía ella entre sollozos. Le agarró la mano con fuerza y él le acarició la cara frente a las miradas de estupor de ambos chicos que aún se encontraban al lado de Monroe.
Después de unos segundos en silencio, reaccionaron y Estévez agarró a Iraida y le ató las manos a la espalda con una cuerda. La chica no se resistió. No paraba de sollozar y de mirar al hombre que estaba tendido en el suelo.
—Rayner, subela con los demás y que la vigilen, luego coge el maletín con la cruz roja y bajas enseguida. Tenemos que ayudar a Monroe.—Dijo Estévez.
—Pero…
—¡Haz lo que te digo!—Le gritó el otro. El chico agarró a la muchacha y la llevó a la furgoneta tal y como le había ordenado Estévez. Cuando la dejó en los asientos traseros, cogió el maletín y regresó corriendo hasta donde estaban los dos hombres.
—Aquí tienes.
Estévez rasgó la camiseta de Monroe y comenzó a presionar la herida con el trozo de tela que le había arrancado. Sacó gasas y más utensilios del maletín e intentó hacer un apaño para que el hombre soportara el viaje de vuelta.
—Está perdiendo mucha sangre… no se si vamos a llegar a la orden.—Dijo Rayner. En su voz se reflejaba la incertidumbre.
—No tenemos tiempo que perder. Ayúdame a llevarlo a la furgoneta, vamos.—Le ordenó.
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