El Amor puede condenarte
Rayner
—¿Y qué sugieres?—Le dije sin quitarle la vista de encima.
—No lo sé pero no sabemos ni siquiera donde está. Ese sitio tiene que estar insonorizado como mínimo, también puede estar fuera de la ciudad para que no le oigan chillar cuando le torturan.—Dijo Estévez, enseguida bajó la vista. Sabía que cada vez que mencionaba la palabra tortura se me formaba un nudo en el estómago.
Los brazos de Gara me rodearon la cintura con fuerza por la espalda. Estaba intentando mostrarme frío para afrontar la situación pero la verdad es que necesitaba eso. Necesitaba que alguien me abrazase y me dijera que todo iba a salir bien. Me giré y la abracé fuerte. Nos quedamos así un momento frente a la mirada atenta de Estévez. No habíamos dormido en toda la noche, ya eran casi dos días sin Julen y se me estaba agotando la paciencia.
Escuchamos fuertes golpes en la puerta de la habitación que nos sobresaltaron. Gara y yo nos separamos enseguida y Estévez fue a abrir. Era Monroe y venía bastante alterado.
—He encontrado algo.
Nos miramos unos a los otros, desconcertados. Parecía bastante importante asique nos sentamos en la cama y él se puso a explicarnos todo. Iba bastante rápido y tuvimos que decirle un par de veces que se calmase y repitiera más despacio.
—Fui a la casa y estuve mirando la zona más detenidamente y encontré un rastro justo después de perder el principal que ya revisamos. eran pisadas de dos personas diferentes y luego vi huellas de neumáticos. Fueron en dirección Norte. —Monroe no paraba de hacer aspavientos con las manos—Yo creo que no salieron de la zona porque las huellas iban por un camino y tardaron mucho en perderse en el asfalto. Conocían la zona perfectamente.
—Tenemos que ir allí de nuevo.—Solté y todos se giraron para mirarme.
Estévez se giró y no paraba de mirar de arriba abajo a Monroe. Se le veía pensativo.
—Id con mi coche, yo puedo quedarme con Gara….
—No, Monroe. Tu vienes con nosotros—Dijo Estévez, decidido. Intentó replicar pero el otro no le dejó.
No tuvimos que insistir mucho con él, no opuso resistencia. Ya en el coche, Monroe iba muy tenso. Cuando le conocí me pareció un tío decidido y autoritario que no se dejaba dominar por el miedo. No le había visto así ni una sola vez en el poco tiempo que le conocía. Aunque Estévez sí que nos había mencionado algo sobre lo raro que estaba después de que nos dieran el bolígrafo. Tampoco me gustaba darle muchas vueltas a las cosas aunque a veces me parecía inevitable.
Llegamos a la zona del camino donde dijo Monroe que había mirado y estuvimos hasta que cayó la noche buscando. No encontramos nada nuevo. La zona me sonaba muchísimo pero no conseguía saber de qué. En el viaje de vuelta estuve pensando en ello y nada. No conseguía centrarme. nada más llegar de nuevo a la orden me dirigí a la habitación junto a Gara y Estévez. Vi como ella entraba en la de al lado y cuando me disponía a cerrar la puerta Estévez me paró.
—Tengo que hablar contigo—Dijo mientras miraba a un lado y a otro del pasillo, comprobando que no había nadie más.
—¿Tiene que ser ahora?—Le dije frotándome los ojos. Me miró con urgencia y no tuve mas remedio que dejarle pasar.
En cuanto entró no dejó de dar vueltas por toda la habitación, inquieto. Sin decir una palabra. Hasta que por fin se animó a abrir la boca y explicarme qué narices estaba pasando.
—¿No te dijeron nada las palabras de Monroe? ¿No tienes ni idea de donde puede estar Julen?
Abrí los ojos más y le miré. Estaba algo confuso.
—¿Cómo que si no me dicen nada? ¿Que te piensas que Monroe sabe donde está y me deja pistas o algo o que? No se que te pasa pero estas obsesionado con eso del topo, no tiene que ver que…
—¿Por qué Monroe diría que se fueron en dirección norte mientras te miraba? Y Añadió que los que se llevaron a Julen conocían perfectamente la zona.—Iba diciendo él, intentaba convencerme de algo que yo no veía tan claro.
—¡Porque intenta ayudarnos como haces tú!—Levanté la voz—No veas cosas raras donde no las hay…
—Rayner, solo sabíamos de esa cabaña en la orden 5 personas. El director, Monroe, tu padre, el de Joel y yo. Lo he comprobado mientras tu estabas recuperandote del shock por lo de Julen. Dos de esas personas están muertas y solo quedamos tres. Por descarte…
Le di un empujón y no me controlé, empecé a gritarle. No podía creer que siguiese con lo mismo y que acusase a Monroe. No me caía especialmente bien pero tenía entendido que había sido su mentor. La persona que le había enseñado todo de la orden, ¿Cómo era capaz de insinuar algo así?
—Piensalo. Ha estado muy tenso desde que se llevaron a Julen, incluso cuando nos dieron el boligrafo y cada vez que nos hemos acercado a la identidad del que te estaba acosando se mostraba inquieto. Le he estado observando mucho tiempo… le conozco perfectamente y si te ha dado esta pista para que encuentres a Julen es porque en el fondo es buena persona. Tiene que haber un motivo para que haga todo esto… tenemos que vigilarlo.
Cada palabra suya me sonaba más convincente que la anterior, pero aun seguía reacio a creer todo aquello. El me seguía animando a recordar. Me decía que aquellas palabras tenían que decirme algo y que todo dependía de eso para encontrar a Julen cuanto antes.
—Te prometo que le daré vueltas toda la noche para sacar algo en claro...pero a mí todo esto no sé. No me convence mucho.—Le aseguré.
—Intenta recordar, y por favor no menciones esto a nadie.
—¿Y Gara?—Le pregunté. Ella nos había ayudado bastante al principio de la investigación. Sin ella no hubiésemos llegado tan lejos, pero estábamos exponiendola demasiado. Quizá era mejor dejarla al margen.
—Tu quieres proteger a Julen, pues yo quiero proteger a Gara. Ella aun no se ha dado cuenta de lo mucho que significa para mi y no se si esto puede acabar en romance o simplemente seremos buenos amigos pero si sigue con nosotros puede acabar mal y…
Le hice un gesto para que dejase de hablar, le entendía perfectamente. Puede que Estévez no sintiese algo tan profundo todavía como yo lo sentía por Julen, pero se le veía bastante preocupado y quizá algún día podrían ser algo más que amigos.
Simplemente salió de la habitación y me tiré en la cama para pensar en todo lo que me había dicho y en cómo intentaría apartar a Gara de todo lo peligroso.
Julen
El tiempo pasaba muy lento para mí. Lo único que sabía era que llevaba allí mínimo dos días. Había estado fijandome en la luz que entraba por un pequeño ventanal. Ya no me dolía tanto el cuerpo pero aún tenía el estómago resentido. Me habían estado dando agua pero no había comido nada más que un trozo de pan y una loncha de jamón que Monroe me había traído. Oía rugir mis tripas. ¿Cuánto más iba a estar allí?
«Venga Julen, puedes con esto» Me dije. Intentaba darme ánimos a mi mismo. Hablaba solo casi todo el tiempo o discutía con Iraida cada vez que venía a verme e intentaba tocarme. Me sacó de mis pensamientos el ruido de la puerta. Era de noche así que ya no esperaba que me visitara nadie. Vi entrar a Monroe muy serio. Cogió una silla y se sentó frente a mí como la última vez.
—Rayner tiene la forma de encontrarte pero aún no lo sabe. Ese chico es un poco lento...—Se aguantaba la risa mientras me decía aquello. Era una mezcla de alivio y de rabia. Maldita sea se reía. Se reía en mi cara y solo quería golpearlo.
—No te rías tanto o acabaré por contarle a Iraida lo que estás haciendo a sus espaldas—le advertí.
—No me desafíes, que te encuentren está en mis manos. Así que no me provoques.
Su gesto era hostil. Pero sabía que tenía razón y no había sido nada inteligente desafiarlo de ese modo. Si él quería podía darles pistas falsas y nunca me encontrarían. Estuvimos un rato en silencio. Todo en aquel sitio se me hacía eterno.
—¿Sabes qué es lo que me mueve para hacer todo esto?
—Algo importante me imagino. Quiero creer que eres buena gente a pesar de todo, fíjate.—Le dije con un tono bastante desagradable. El no hizo caso a mi provocación y siguió hablando.
—El amor, Julen. El amor…
—No me parece suficiente. Se puede perder la cabeza por amor pero hay ciertos límites que no pasas, no los pasas nunca—Hice hincapié en la palabra “nunca”.
—Esta clase de amor es como una condena. No se si eres la persona más indicada para contarle esto pero necesito que lo sepa alguien. Lo he estado guardando mucho tiempo y ya no puedo más.
Le miré, intrigado. Estaba vulnerable y esta vez simplemente esperé a que soltara todo lo que llevaba dentro. Por experiencia sabía que hay secretos que no puedes guardar mucho tiempo o se acaban enquistando y pudriéndote por dentro.
—Me mueve el amor, sí, pero no el que tu crees. Sino el amor de padre.
«El amor de padre»
Se me clavó en la mente y no paraba de repetir la frase en mi cabeza. Una y otra vez.
Se me clavó en la mente y no paraba de repetir la frase en mi cabeza. Una y otra vez.
—No me mires así.—me dijo. No podía verme la cara pero podía hacerme una idea. La noticia me había sentado como si me arrojaran un jarro de agua fría.
—Pero eres bastante joven para tener una hija tan mayor, ¿No? Ella tiene ya más de veinte años, y bueno se supone que tenía un mellizo…—Intenté quitarle importancia y eso me dejó seguir la conversación.
—Si, mis hijos. Los dos—Me decía mientras clavaba la vista en el suelo.
Joel.
Monroe es el padre de Joel.
Monroe…
No sabía si quería que me contase más, pero la curiosidad me pudo y aunque notaba como me daba vueltas la cabeza intenté centrarme en escuchar.
—Tenía diecisiete años, ella veinticinco y...bueno, era una mujer increíble. Me dejé llevar y era demasiado ingenuo y torpe. Hacía más de cinco meses que no tenía contacto físico con su novio, ni siquiera le hacía caso y nos enamoramos. Aunque a día de hoy no estoy seguro si ella me quería de verdad o simplemente era su bote salvavidas. El caso es que —Hizo una pequeña pausa y cerró los ojos Los abrió para continuar—se quedó embarazada y yo era el hijo del jefe y encima menor de edad. No quería meterme en problemas así que ella siempre negaba que yo era el padre. Supe enseguida que por mucho que me dijera que se había reconciliado con él y que se habían acostado...sabía que ese bebé era mío. Luego para colmo resultó que eran dos.
Se empezó a reír. Estaba muy aturdido. ¿Acaso le divertía la situación?
—No se que es lo que te hace tanta gracia.—Mi tono se endureció todavía más y no podía evitar mirarle de reojo con gesto de repugnancia. Era el padre de Joel y eso me dolía. Me dolía tanto ver que tenía delante al padre de ese miserable que no era capaz ni de mirarle a los ojos, solo tenía ganas de golpear algo. No quería que se diese cuenta de lo mucho que le estaba odiando en ese mismo instante.
—No se como lo hizo. Acabó confesándome que yo era el padre y que se acostó con él para que no sospechara nada. ¡Se acostó con ese imbécil solo para tapar lo nuestro!—Se levantó y metió un golpe en la pared que me sobresaltó y me hizo pegar un bote en la silla—¡Y para rematar la jugada se casaron y les puso su apellido!
—Ya se de quien han heredado la locura.—Le solté. Tenía la habilidad de decir cosas en el momento menos oportuno. Se dirigió hacia mi y me lanzó un puñetazo.
Sin duda sí que parecían de la misma familia. Eso me hizo entrar en pánico.
—Voy a hacer lo que sea por mi hija y voy a salvar a mi hijo, como le prometí a su madre que haría. Y me da igual que esto termine saliendo a la luz.
Se fue hacia la puerta y salió del cuarto dando un portazo. No sabía que iba a ser de mí. Estaba intentando resistir todo aquello pero la confesión de Monroe me había destrozado y ya no me quedaban fuerzas.
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