No estás sola
Gara
Nunca había visto a Rayner tan poseído por la rabia. Jamás. Era una persona con mal carácter pero no hasta el punto de llegar clavarle las llaves en el hombro a Estévez. Estaba destrozándolo todo. Al final no pudimos con él, salió corriendo y le perdimos de vista.
—¿Te encuentras bien? —Le dije, bastante preocupada. No paraba de sangrar y aún seguía con una de las llaves clavadas. Era bastante grande por ser de una casa antigua.
—Dios, pero como ha sido capaz de…la madre que lo parió ¡JODER! —Pegó un golpe en la pared más cercana con el brazo que tenía sano.
—Vamos a ver a Irene…venga—Le agarré como pude para que se apoyase en mi. Más o menos recordaba el camino a la enfermería.
Ella enseguida nos ayudó a sentarlo en la cama y empezó a examinarlo. A medida que le miraba la herida desviaba la mirada hacia mí.
—Estévez, ¿a quien has molestado que te han agredido con unas malditas llaves? —Se echó a reír y nos contagió su entusiasmo.
—El muchacho que recibió el disparo. Pero bueno ya se le pasará cuando vea que no puede hacer nada más que esperar. No sé qué demonios se le pasa por la cabeza.
—Te escucho—Dijo ella y seguía mirándome de reojo, yo la miraba tanto a ella como a Estévez pero en mi rostro se podía ver la preocupación que sentía en ese momento.
—Estábamos en el pasillo, ha sacado el móvil y justo después de mirarlo atentamente, se ha liado a golpes con todo lo que pillaba, simplemente le sujeté pero estaba como poseído y me agredió con lo primero que pilló. —Explicaba mientras la otra agarraba de las llaves y tiraba con fuerza. Estévez soltó un grito y ella le desinfectó la herida.
—No ha sido para tanto hombre. —Le dijo mientras le ponían una inyección.
Ella se me acercó mientras Estévez se levantaba y caminaba hacia la puerta.
—Qué pena que te guste Estévez, aunque si me dieses la oportunidad te demostraría que puedo ser mejor amante. —Me susurró al oído. Aquello me hizo ruborizarme. ¿Gustarme Estévez? ¿A mí? Además era la primera vez que se me insinuaba una mujer. Era todo muy extraño. No supe que responderla, simplemente me fui de allí corriendo.
Choqué contra él, se giró y me abrazó.
—Dejémosle solo por ahora. Si ha visto algo en el móvil que le ha hecho enfurecer de ese modo es mejor que primero se calme.
Fue un gesto muy bonito por su parte. La verdad es que necesitaba ese abrazo. Dejaría a Rayner solo para que se calmase pero no sabía cómo íbamos a afrontar la situación.
Rayner
Mientras corría se me venían las imágenes del video una y otra vez. Cada golpe se dibujaba en mi memoria y me sumía en un estado de rabia que iba aumentando por momentos. Había logrado calmarme después de destrozar casi todo por donde había pasado cuando recibí el video. Pero de repente los recuerdos me habían vuelto tan vivos como la primera vez y había echado a correr tan rápido como me respondían las piernas. Sentía que si no corría iba a acabar haciendo una locura y no tenía que permitir dejarme llevar otra vez. Necesitaba mantener la mente fría. Tenía que trazar un plan para ayudarle.
Cada vez se complicaba más todo. Nunca habría imaginado que los hermanos Vazquez iban a ser capaces de destrozar todo lo que tocaban. Como si fuesen un veneno del que no hay ningún antídoto. Había cambiado mi forma de pensar tanto en las últimas semanas que apenas me reconocía.
Sin darme cuenta entré en el edificio y me dirigí al cuarto donde solía dormir en la orden y comencé a llamar a la puerta. Golpeé una y otra vez pero nadie abrió esa puerta. Tenía unas ganas increíbles de que Julen me abriera. Solo eso y que me dijera que lo que estaba viviendo no era real, que estaba a salvo y que no se iba a marchar de mi lado. Me quedé arrodillado junto a la pared y así me encontraron Gara y Estévez.
—¿Estás más calmado?—Me dijo él mientras se ponía de cuclillas para estar a mi altura. Asentí—Se que ha tenido que ser muy duro para ti. Lo he estado pensando y...vamos a ir a buscar a Julen. No pienso darle el bolígrafo a esa lunada pero tampoco voy a quedarme esperando y ver cómo lo matan gracias a los métodos de la orden.
—Queremos que sepas que estamos de tu parte y que puedes contar con nosotros—Añadió Gara.
Significaba muchísimo para mi que ambos me ofrecieran su ayuda. No estaba solo después de todo y había una mínima esperanza de rescatar a Julen. Aunque fuese difícil yo quería intentarlo. Me agarraron y me ayudaron a levantarme de allí. Estévez sacó una llave de su bolsillo y abrió el cuarto. Entramos los tres y cerró enseguida.
—Tenemos que trazar un plan—Dijo Estévez con firmeza.
Julen
Me mantenía con los ojos cerrados, aguantando el dolor una vez más. Era lo único que me quedaba. Aguantar. Intentaba mantenerme cuerdo aunque resultaba muy difícil después de lo que me había pasado con Iraida.
La puerta se abrió y pegué un bote. Me imaginé a Gara entrando por la puerta pero no fue ella quien entró sino Monroe. Se le veía cansado. Tenía ojeras y llevaba la misma ropa que la última vez que nos habíamos visto.
—Quiero que hablemos.—me dijo casi en un susurro.
—No creo que haya nada de qué hablar, —Le solté. Me salió aquella frase casi sin pensar.—Además a Iraida no creo que le haga gracia y no me gustaría empeorar las cosas tan rápido.
—¿Sabes que dicen que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición? Te estas comportando igual que el niñato. Pensaba que tú tenías más sesera.
Sin duda se refería a Rayner. Aun no entendía por qué le había cogido tanta manía. Era un chico con un carácter difícil pero no pensé que fuese para tanto. Al final dejé que hablara.
—Hago esto por un buen motivo, pero no puedo permitir que siga haciendo lo que le dé la gana, así que he pensado en dejar pistas que conduzcan hasta aquí y con un poco de suerte podrás salir con vida si vienen a buscarte.—Cogió una silla y se sentó frente a mí—Tengo razones para odiar a Rayner, pero la principal es que me recuerda tanto a mi que eso me irrita. Yo cometí muchos errores y como ese chico no se controle va a acabar igual que yo. Tienes que hacérselo entender.
—¿Por qué no me explicas por qué ayudas a esa loca? Tu puedes parar esto de una vez…
Bajó la mirada, se podía apreciar como estaba hecho pedazos, tenía que aprovechar su momento de debilidad para sacar algo en claro de todo aquello. No quería pensar que Monroe fuera una mala persona pero no me estaba poniendo fácil las cosas y sin contar que me había dado una paliza.
—Ojalá pudiese pero...es complicado. Solo quería decirte que les pondré las cosas fáciles y te encontraran. No puedo hacer nada más.
Se levantó y se encaminó hacia la puerta.
—¡No te vayas, espera!…¿qué es lo que te une a ella?—No me respondió. Simplemente salió y cerró la puerta.
* * * *
Aquel hombre parecía muerto en vida. Caminaba por el pasillo y solo tenía una cosa en la mente. Abrazarla. No entendía como podía quererla después de todo pero lo hacía. La quería cada día más y ese amor le estaba matando. Estaba encadenado a ese sentimiento. Cuando la tuvo en frente simplemente la rodeó con los brazos y la apretó contra su pecho.
—No voy a dejarte sola nunca. Te quiero.—Le susurró al oído.
Pero ella seguía siendo la misma chica fría e insensible que había conocido. Tenía la esperanza de que algún día ella le tratase con más cariño. Que le entendiera y que fueran inseparables pero la chica tenía un carácter muy difícil.
—Algún día sanarán mis heridas y podré devolverte el cariño que me ofreces, Monroe.
—Yo seguiré esperando y estando a tu lado. No lo olvides nunca, Iraida.
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