Estrategia
Rayner
No paraba de ver árboles por todas partes. Apenas salía de la ciudad y las pocas veces que lo hacía me quedaba maravillado ante aquellos paisajes tan increíbles. La zona de la sierra era una de mis favoritas. Aún recuerdo cuando mis padres alquilaban una casa rural por aquella zona todos los veranos. Llegamos a un terreno sin vallar, rodeado de más árboles y justo al final del camino poco asfaltado se encontraba la casa. Era completamente de madera, tenía un porche bastante amplio y dos bancos con varios cojines que invitaban a quedarse fuera y ver el paisaje.
Salimos del coche y entramos enseguida. La casa era casi tan bonita por fuera como por dentro. Tenía conectado el salón con la cocina, todo bastante amplio y con techos muy altos. En una esquina se encontraba una escalera de caracol que llevaba hasta las habitaciones. Tenía cuatro dormitorios y dos baños. Julen y yo nos encontrábamos en uno de los cuartos más amplios, con una cama de matrimonio de dos por dos metros y un pequeño sofá en una esquina. Me tiré a la cama boca abajo y se me quedé allí, suspirando.
—Venga, suéltalo—Me dijo Julen mientras se tumbaba encima mía.
—¿Cómo sabes que me pasa algo?
—Rayner, eres un libro abierto, por favor. —Dijo el otro mientras sus dedos se entrelazaron con los míos.
Estuve un par de segundos meditando la respuesta, me giré y volví a suspirar, ahora ambos nos mirábamos a los ojos.
—Siento que os estoy poniendo en peligro a cada paso que damos. Es asunto mío y no quiero que os involucren.
Julen acercó lentamente su rostro al mío y fijó la mirada en mis labios. Yo hice lo mismo y miré los suyos. Estábamos a escasos tres centímetros.
—No te voy a dejar solo, te recuerdo que a mí también me llamaron para hacer esto. Así que señorito, se ponga como se ponga…—Le agarré por la nuca para hacerle pegar sus labios con los míos y le hice callar con un apasionado beso. Se dejó llevar pero enseguida me apartó en un intento por recobrar la compostura, el beso que le había dado le dejó sin aliento. Me encantaba cuando le pillaba por sorpresa y se ponía tan nervioso—No sé cómo voy a poder dormir con Estévez al otro lado, joder. ¿Has visto las armas que traía?
Comencé a reírme justo cuando entraban por la puerta Gara y Estévez. Se nos quedaron mirando un largo rato y después nos hicieron un gesto para que les siguiéramos. Íbamos justo detrás de ellos mientras bajaban la escalera de caracol y todos cogimos asiento en los sofás.
—Se está complicando todo. Gara y yo lo estuvimos hablando antes de venir y creemos que alguien de la orden está ayudando a Iraida y por eso se está acercando tanto a Rayner. Encima antes de salir discutí con Monroe porque él no iba a venir de momento y siguen empeñados que nosotros debemos guardar el bolígrafo. No tengo un buen presentimiento…
—Y por eso tantas armas, ¿No? —Interrumpió Julen.
—Sí, por eso tantas armas. Pero sin Monroe no voy a poder defenderos yo solo. Mientras estemos aquí, por favor, no salgáis de la casa. No vayáis al pueblo a comprar ni hagáis nada sin decírmelo. ¿Queda claro? Va por todos. —Dijo mientras nos señalaba a los tres.
Asentimos y cuando nos fuimos a dispersar por la casa busqué a Gara. No le había quitado ojo mientras estábamos hablando con Estévez. Era una chica bastante callada y seria pero en ese momento la encontraba triste. Con la mirada perdida y los ojos rojos. Me acerqué y me la llevé a un lugar apartado.
—¿Te encuentras bien? —Le dije mientras le agarraba de la barbilla para que me mirase.
—¿En serio, Rayner? ¿Me preguntas que si me encuentro bien? Has estado pasando de mi justo unos días antes del disparo o quizá cuando comenzó la misión y no reparé en ello hasta ahora, ¿y tienes la cara de venir y preguntarme si estoy bien cuando es evidente que no lo estoy? —Dijo ella, sin apenas tomar aire para respirar.
—Eres mi amiga, es normal que me preocupe por ti y sé que ahora mismo no tengo derecho porque he pasado de ti, vale. Pero no me puedes pedir que no me preocupe.
Ella me pegó un empujón.
—Os vi, Rayner…—Dijo y justo después sus ojos comenzaban a inundarse de lágrimas.
—No te entiendo…—Esperé que nos hubiera visto besándonos y ya está. Quizá que escuchara lo que me confesó Julen pero en el fondo sabía que era algo que le había dolido profundamente.
—Vi como os besabais, como os acariciabais y como…—No pudo seguir, rompió a llorar y me abrazó. Yo respondí a su gesto.
Estévez se encontraba en otra de las esquinas del salón, mirándonos fijamente. Gara había hablado lo suficiente alto como para que él lo escuchara todo. Su expresión reflejaba la más absoluta decepción.
—Lo siento, yo…—Intenté explicarle todo pero no me salían las palabras.
—No hace falta que digas nada. La culpa es mía. Yo sabía que había algo entre vosotros en el momento que él entró en el cuarto y nos vio allí a los dos. —Me dijo sin parar de sollozar.
No sabía cómo animarla, ¿pero tan obvio había resultado que Julen me atraía de ese modo, justo el primer día que le vio en mi casa? Estévez se acercó y la agarró para que se abrazara a él y me hizo un gesto para que me fuera. Antes de alejarme me agarró del brazo.
—No me gusta que la trates así pero intentaré que te entienda. —Me dijo al oído. Y me fui al cuarto donde posiblemente encontraría a Julen.
Lo que había hecho Estévez me había ayudado bastante, no creo que yo hubiera sido la mejor persona para consolar a Gara en ese momento pero eso me hacía sentí mal. Era mi amiga y no quería que estuviese así y menos por mi culpa. Había hecho mal en despreocuparme por ella pero no podía sentirme mal por haberme acostado con Julen. Era un sentimiento muy fuerte, superior a mí y ella tendría que entenderlo, aunque le llevase algún tiempo. Sin duda la compañía de Estévez le iba a hacer mucho bien. Cuando tenía dieciséis no quería que nadie supiera que me atraía un chico. Lo estuve ocultando muchos meses incluso después de besarnos por primera vez. Pero Julen siempre me buscaba y me besaba públicamente, eso me sacaba un poco de quicio. Era demasiado joven y la gente por esa época era demasiado cruel. Acabé agobiándome y terminando nuestra relación en el parque donde nos reuníamos desde que nos conocimos. Fue la vez que la hermana de Joel nos pilló compartiendo un beso, el último beso antes de separarnos. Creo que eso hizo que se complicara todo…
Intenté apartar aquellos pensamientos de mi cabeza y lo conseguí justo cuando llegué a la habitación. Me encontré a Julen sentado en el pequeño sofá, estaba con los cascos puestos y mantenía los ojos cerrados. En cuanto me tumbé en la cama, abrió los ojos y se percató de mi presencia. Se levantó y se echó junto a mí, me rodeó con los brazos y solo con ver la cara que traía sabía que había pasado algo. Esa era su gran habilidad. Simplemente me abrazó y se quedó conmigo. No hizo falta más.
Julen
Me desperté en medio de la noche, había tenido otra pesadilla. Me levanté con cuidado para no despertar a Rayner y rebusqué en mi mochila. Necesitaba hacerlo sino no iba a poder quitarme los nervios de encima. Cuando encontré lo que buscaba dejé la mochila, con tan mala suerte que se quedó en la esquina del sillón y cayó al suelo, despertando a Rayner.
—¿Julen?
—Oh, lo siento—Justo después de disculparme me tropecé, caí de bruces al suelo e hice más ruido.
—¿Pero se puede saber que haces? —Me dijo mientras se incorporaba.
—Nada, que me apetecía tirarme al suelo, ¿Sabes? —Dije sarcásticamente mientras me levantaba. El me regaló una de sus increíbles sonrisas.
Me acerqué, le besé y le hice que se echara de nuevo. Él deslizó la mano por mis caderas, buscando desabrocharme el pantalón. Desde que nos habíamos acostado de nuevo, Rayner solía meterme mano muy a menudo. No hacía ni dos días que mantuvimos relaciones y ya me había metido en dos situaciones comprometidas por no dejas sus manos quietas. Una fue en el coche, en el viaje iba acariciando justo donde terminaba mi espalda y la otra mientras cenábamos, acariciándome entre las piernas, haciéndome pegar un bote y no haber podido terminar de comer. Pero la última vez solo había sido en presencia de Estévez. Cada vez que llegaba Gara se separaba de mí como si tuviese algún tipo de enfermedad contagiosa. Estaba claro que algo pasaba con ella pero Rayner no había querido decirme nada. Comprendía perfectamente el esfuerzo que había estado haciendo Rayner por no abalanzarse más veces sobre mí en cuanto me despistara. Él era más de situaciones esporádicas y apasionadas y yo de momentos románticos, aunque la verdad es que me estaba dejando llevar muchísimo. Yo también tenía necesidades y si están todo el tiempo buscándote y metiéndote mano pues uno acaba cayendo. A medida que se acercaba a desabrocharme el pantalón, reparó en uno de los bolsillos, metió la mano y sacó lo que había recogido de la mochila.
—Con que era esto lo que hacías…Ya ni recordaba que fumabas. —Me dijo mientras me devolvía el paquete de tabaco.
—He intentado no fumar, pero he tenido otra pesadilla y lo necesito. —Le dije mientras él se fijaba en cómo me temblaban las manos. Me besó y se acostó de nuevo, dándome a entender que estaba de acuerdo con lo que iba a hacer.
—Fuma fuera, anda. Intentaré esperarte despierto. —Me abalancé sobre él según iba diciendo aquello y le di más de tres besos en el cuello. No se esperaba una muestra de afecto tan directa y pegó un bote. Justo cuando iba a salir de la habitación me lanzó un cojín y me hizo un gesto con los dedos, en señal de que me estaba observando. Eso me hizo salir de la habitación con una carcajada.
No esperaba que aguantase despierto tanto rato, me planteé despertarlo después pero me parecía muy cruel. Me iba a tomar mi tiempo para fumar, así se me quitarían las ganas de despertar a Rayner en mitad de la noche.
Cuando salí al porche, la brisa de la noche me hizo estremecer. Prendí el cigarro y me quedé allí apoyado en la pequeña vaya que rodeaba el porche. En quince minutos ya lo había consumido. Me encontraba más relajado pero aun quería seguir allí, mirando las estrellas. Un ruido me sacó de mis pensamientos. Miré hacia una zona cercana y vi una sombra salir de entre los árboles. Reconocí la figura y me acerqué cautelosamente.
—¿Qué haces aquí? ¿Y por qué sales de la nada a estas horas? —Le dije.
—Es complicado.
—¿Cómo que “es complicado”? Qué preten…—No pude decir nada más. Alguien me golpeó por la espalda, caí de rodillas mientras se me nublaba la vista.
…………………………………………..
—Iraida, no creo que estemos haciendo bien…
—Cállate. Estás tan metido en esto como yo. Tú me animaste. Ahora tienes que cargar con las consecuencias. —Dijo ella tajantemente. —Vámonos de aquí antes de que nos descubran y echen a perder nuestros planes.
—Tus planes— Le corrigió el hombre.
Ella lo miró con el ceño fruncido, visiblemente molesta. Le hizo un gesto y él acabó recogiendo a Julen del suelo y cargándolo en brazos. Los tres desaparecieron entre los árboles.
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